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La Democracia en el Pensamiento Político Positivista Venezolano: Revisión Crítica de Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul





RESUMEN

El estudio pretende encontrar el sentido de la democracia dentro del marco del pensamiento político positivista venezolano representado por Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul. La investigación se realiza a través de una revisión documental de las obras de estos autores, desde las cuales dicho sentido de la democracia adquiere originalidad y razón de ser propia en América Latina y Venezuela; se asocia indefectiblemente a la igualdad más que a la libertad, si se entiende esta última en un sentido plenamente liberal; de forma que una concepción de lo político y de la política está presente en el mismo. El positivismo venezolano fue acusado de ser justificador del régimen de Juan Vicente Gómez; esto debido a que no sólo coincidió temporalmente el auge de esta escuela teórica con el gobierno gomecista, sino que además por medio de ésta se formulan políticas de Estado que marcarán, inclusive hasta hoy día, la configuración del Sistema Político Venezolano; además de ello, sus principales representantes teóricos ocuparon cargos de suma importancia en la política y la diplomacia nacional. Democracia y positivismo en Venezuela son dos términos que no pueden ser entendidos si antes no se comprende la importancia que el caudillismo como fenómeno político ha tenido en la historia venezolana, de forma que la investigación plantea esta problemática y cómo la misma puede afectar el sentido de la libertad desde una perspectiva moderna.

Palabras Claves: Democracia, Positivismo Venezolano, Justificación al Régimen, Gendarme Necesario.



Introducción

Esta investigación surgió luego de considerar el fundamental papel que cumple la Ciencia Política no sólo en el análisis de los hechos políticos en cuanto tal, sino en la justificación y mantenimiento de los diversos gobiernos y formas políticas modernas[1]. La democracia como doctrina e ideal y también como mecanismo ofrece, en su propio seno, una manera de legitimarse: permite pensarse a sí misma, identificar sus propias dificultades y superarlas desde la acción y la teoría políticas.

La Ciencia Política venezolana, y en especial su primera institución en el país, la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la Universidad Central de Venezuela, se han dedicado precisamente a esta elemental labor. Pensar la democracia desde sus distintos enfoques y en el plano de la historia de las ideas políticas, permite conocer más a fondo su naturaleza y real esencia. Más aún, ofrece la oportunidad de interpretar y reinterpretar nuevas nociones de democracia que tuvieron y tienen su origen y despliegue no sólo en toda Latinoamérica, sino también y especialmente, en Venezuela.

La finalidad de este estudio es analizar y dar a conocer el sentido de la democracia positivista. Este difiere considerablemente de la visión de la democracia liberal y trata de adaptarse a las circunstancias y condiciones sociopolíticas y culturales del país. El positivismo venezolano comprende la época que abarca desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la tercera década del siglo XX y la importancia de su estudio radica no sólo en la enorme influencia que tuvo para su época, sino en la que hoy día continúa teniendo. Más aún, la que poseen hoy día sus representantes más destacados, es decir, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul en la comprensión del ser venezolano, de la esencia de la nación venezolana.

Además de estos tres autores anteriormente mencionados, otros tantos, tales como César Zumeta, Pedro Emilio Coll, Ladislao Andara, Manuel Díaz Rodríguez, Lisandro Alvarado, Julio salas, Samuel Darío Maldonado y algunos más, llegarían a conformar el numeroso grupo de teóricos positivistas venezolanos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Así, es pertinente hacer referencia a la reflexión de Velásquez (2003) cuando afirma que estos jóvenes que lucharon por la libertad fueron desterrados y cuando volvieron:

                  Ahora penetraban en un mundo negado a la libertad, en donde se planteaba el tremendo dilema. En el régimen que entraban a servir no se conocían términos medios, ni hora de intransigencia. Más allá del canto al amor o de la prosa afiligranada, más allá de la retórica y del ejercicio de escribir para no decir nada, de inventar paisajes o historias de tierras lejanas, nada podía insinuar el escritor y esto explica la parálisis en la producción fundamental de la mayor parte de esos pensadores[2].

En el sentir de Alicia López de Nuño[3], el positivismo, en la medida en que se acercó el siglo XX, se impuso en todas las áreas del saber científico e intelectual de Venezuela. Muchos artículos y debates dentro del seno de la Academia Nacional de la Historia reflejan la polémica surgida a raíz de la interpretación de los hechos históricos y políticos del país a partir de las categorías y métodos surgidos en el ámbito de la sociedad europea.

Los representantes de dichas polémicas son sobre todo Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio, precursores de la corriente positivista venezolana, cuestión que por su importancia para la comprensión del pensamiento político de Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul se tratará más adelante con mayor profundidad y detalle.

Ahora bien, para abordar la problemática de estudio considerada se propone el análisis de diversas cuestiones trabajadas en distintas secciones que permitirán ir dilucidando paso a paso la idea de la democracia desde el pensamiento político positivista en su complejidad. En primer lugar, se hará referencia a la relación entre el poder y las letras durante la época estudiada (1908-1935). Esta relación es punto de apoyo frecuente a partir del cual la historiografía venezolana, frecuentemente, considera que la producción teórica durante los años 1908-1935 estuvo paralizada y al servicio exclusivo de la causa gomecista.

Lo que hay que verificar, en primer lugar, es si realmente hubo tal parálisis y tal dominio de la autoridad estatal sobre las ideas y el pensamiento político. En el presente trabajo de investigación se parte precisamente de la proposición contraria, ya que sí hubo una original producción académica y así lo entenderá y lo reflejarán los trabajos de Yolanda Senini[4].

En segundo lugar, es necesario analizar y describir la relación que se establece entre los autores positivistas Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul y el régimen político de turno, encabezado este por Juan Vicente Gómez Chacón. Esta cuestión se constituye en elemento fundamental del estudio en razón de que al partir de dicha relación puede verificarse si efectivamente hubo un real y desinteresado, además de sincero, tratamiento de la visión de la democracia o si por el contrario, estas teorías estuvieron disociadas del orden sociopolítico y cultural existente en el país[5].

Los pensadores pertenecientes a la escuela positivista venezolana inspiraron su reflexión acerca de Venezuela y la naturaleza del desenvolvimiento de las relaciones sociales del país en gran parte del pensamiento sociológico europeo. El ensayo considera las fuentes intelectuales de la trilogía positivista, las cuales no sólo comprenden fuentes europeas, sino también aquellas de procedencia latinoamericana que antecedieron las obras de los autores aquí considerados y que les sirvieron de inspiración[6]. Sobre dichas fuentes intelectuales Harwich Vallenilla considera que:

Las investigaciones realizadas al respecto, nos permiten afirmar que la reflexión metodológica del positivismo venezolano fue condicionada, esencialmente, por la visión de conjunto asistemática que allí se ofrecía. Las fuentes citadas por Gil Fortoul, Arcaya, Vallenilla Lanz, Razetti o Salas incluyen la mayoría de los autores de la Revue y de la Bibliothéque, lo que permite comprender mejor el universo de referencia en el cual se movían[7].

Los términos “filosofía positivista”, en el sentir de Kolakowski[8], fueron acuñados originalmente por Auguste Comte y a partir de allí se hará uso del término positivismo para denotar la corriente teórica inspirada en el pensamiento de Comte, Spencer y Littré.

              Positivism stands for a certain philosophical attitude concerning human knowledge; strictly speaking, it does not prejudge questions about how men arrive at knowledge-neither the psychological nor the historical foundation of knowledge. But it is a collection of rules of and evaluative criteria referring to human cognition: it tells us what kind of contents in our statements about the world deserves the name of knowledge and supplies us with norms that make possible to distinguish between that which may and that which may not reasonably be asked[9].

El positivismo en su generalidad puede ser entendido como cruzado por diversas reglas. Estas reglas son las que enumera Kolakowski en la obra citada. En primer lugar, está la regla del fenomenalismo, la cual se trata de que “there in no real difference between essence and phenomenon”[10]. En segundo lugar se encuentra la que el autor denominará la regla del nominalismo; la tercera regla es que “the phenomenalist, nominalist conception of science has another important consequence, namely, the rule that denies cognitive value to value jugments and normative statements[11]. La cuarta regla está referida a la creencia en la esencial unidad del método científico.

Desde la visión de M. Khon de Bécker[12], el positivismo se inspiró especialmente en las ideas de Comte y Darwin; las obras de estos influirán determinantemente en el positivismo venezolano, en especial en lo referente al ámbito científico. Villavicencio, así lo señala Khon de Bécker[13], enfoca gran parte de sus estudios en el vitalismo, la idea de que las organizaciones y fenómenos biológicos son coincidentes y así como el ser humano cuenta con un alma, la tierra tiene alma. Villavicencio unirá sus creencias religiosas al estudio científico. De modo que allí se observa una primera aproximación al organicismo social. Sin embargo, hoy día:

In the present instance, however, we are dealing with a matter that is scarcely controversial: the existence of a “positivist current” in nineteenth-century philosophy is universally acknowledged. Doubts arise only when we try to define this current, and to formulate rigorous criteria setting it off from the other currents[14].

Y sin embargo, no descartaban dichos autores los trabajos de Durkheim sino que más bien éste era realmente considerado en sus reflexiones. En el caso venezolano, se piensa sociológicamente la sociedad y ésta deja de ser concebida como derivada de un conjunto de individuos; es el individuo el que nace de la sociedad. Se trata entonces de un repensar el Estado y su relación con el individuo, tema propio de la Modernidad.

La Modernidad promulga los principios de soberanía popular y de democracia, asociada ésta a la noción de representación y expresada en el Estado-Nación. Se pregunta sobre la naturaleza de tal representatividad, sobre la soberanía popular y sobre la nación como concepto derivado de un contrato. Se reinterpreta sociológicamente la Modernidad en el sentido de que a partir del carácter del Estado de promotor y como derivado social, se desprende el análisis de mecanismos políticos tales como la representación, las ideologías, los partidos políticos, la democracia y el sufragio universal. Más aún, tal como lo concibe Harwich Vallenilla:
                                   
Concebida en sus orígenes por Augusto Comte como una ciencia de la realidad social en su conjunto, la sociología, para fines del siglo XIX, aún era disciplina que buscaba fijar el objeto de su estudio. ¿Qué constituía un hecho social? ¿Cuál era la función del individuo con relación a su entorno? Las respuestas a estas preguntas formuladas por Emile Durkheim en su libro Las reglas del método sociológico, publicado en 1894: que los hechos sociales deben ser tratados como cosas y se caracterizan por su exterioridad obligante, han sido generalmente aceptadas como las bases de la sociología contemporánea[15].

La escuela positivista venezolana estuvo igualmente influida por dicho pensamiento. Pero también por la visión latinoamericana de concebir la política, lo social y la relación entres estos dos planos. Por ejemplo, en el sentir de Francisco García Calderón (1987)[16], el proyecto de unificación nacional se constituye en una necesidad elemental y la visión del caudillo necesario que este describe, que es aclamado por el pueblo y producto natural del desenvolvimiento espontáneo y natural de las relaciones sociales de las naciones latinoamericanas, es coincidente con la que sostienen autores tales como Vallenilla Lanz y Arcaya. Cuyas posiciones, por cierto, cuentan con sus más acérrimos críticos, siendo uno de los más destacados el escritor Carlos Irazábal (1979)[17].

La complejidad del fenómeno se refleja en el tratamiento recurrente y fecundo de la problemática que acarrea el ideal democrático, de sus implicaciones para la nación venezolana, pero ello es lo que precisamente la presente investigación pretende demostrar. Por esta razón, se han seleccionado cuidadosamente los autores positivistas venezolanos que más han considerado dicha cuestión y se requiere que las obras de los mismos sean analizadas y comprendidas no sólo atendiendo a su complejidad, originalidad y relevancia propia, sino también al contexto en el que estas se han desenvuelto y en el que fueron pensadas.

Y no se trata de considerar las ideas y el pensamiento democrático en Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul de forma aislada o como separadas entre sí. Se trata de proceder a su respectiva comparación y diferenciación en razón de que las tres forman visiones políticas que constituyen parte de una de las escuelas de pensamiento que más ha aportado a la comprensión de la realidad política venezolana que, como ya se ha afirmado, encuentra un hito esencial de su acaecer histórico, su continuidad (Carrera Damas; 2007)[18] en la conformación de un Estado moderno y racional, en el desencadenamiento de un proceso de reinstitucionalización (Soriano; 1987)[19].

Esta realidad se asocia, por supuesto, a una comprensión de la política que no puede verse de manera separada del ideal democrático positivista. Tal como ya se ha afirmado, este ideal difiere y se confronta y a la vez se asocia a la visión liberal y europea del fenómeno de la democracia (esta es una de las hipótesis sobre las cuales se remonta el presente trabajo investigativo), adquiriendo de éste modo una gran originalidad y una importancia tal, que se constituye en materia fundamental para la comprensión de la historia de las ideas políticas venezolanas.

A su vez, tampoco la afirmación terminante de que estos elementos políticos, (derivados de escuelas de pensamiento diversas) se encuentran en una relación completamente contrapuesta, puede ser legítima. Prueba de ello es que junto a la teoría del poder ejercido por medio de una voluntad personal, autores como Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul también consideran que las instituciones juegan un papel fundamental en todo régimen político y que los ideales de la democracia liberal son medianamente realizables en Hispanoamérica, sólo por medio de la acción de un poder personal que imponga orden y cree las condiciones para el desarrollo moral de los habitantes que forman parte de un determinado Estado.

Se hace necesario verificar si en efecto existe una concepción teórica de la política de forma estructurada en dicho pensamiento político y ello se trabajará más adelante de forma más detallada y concisa, pero podría adelantarse que, en el sentir de la profesora Plaza, éste no se presentó de una forma plenamente coherente sino sólo en algunos casos, así como tampoco se presentó de forma homogénea, tal como se observaría décadas después en la segunda mitad del siglo XX. Entonces:
              
               Los integrantes de la famosa “Trilogía Positivista” – José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Manuel Arcaya- han cautivado desigualmente el interés de quienes se ocupan de la historia del pensamiento venezolano. Me atrevería a sugerir que tal desigualdad se ha inclinado a favor de Gil Fortoul, en detrimento del legado histórico y político de los otros dos. Tanto Arcaya como Vallenilla, además de sus actuaciones políticas en la Venezuela del presente siglo, produjeron una obra historiográfica original y de primerísima[20].

Es necesaria la constante referencia al pasado histórico de los pueblos; de allí que tanto Vallenilla, como Gil Fortoul y Arcaya, pretendan hacer sociologismo histórico de manera científica, ya que, en la medida en que se entiende el pasado histórico, podría con esto entenderse el presente de las sociedades. Se pueden comprender a partir de allí las formas de gobierno, relaciones sociales, hábitos, formas culturales y el propio saber colectivo e individual, más aún, la cultura política como condicionante de la acción política.

Comprender el sentido de lo político en la obra de los autores objetos de este estudio supone, de un lado, emprender el análisis de la concepción de lo social y la inevitable asociación con lo político. El positivismo político considera que el orden social es la principal fuente de las instituciones de autoridad y los sistemas jurídicos y debe existir una real correspondencia entre estos dos planos[21].

Consideraciones Metodológicas

El método que ofrece Skinner[22] se constituye en herramienta de análisis fundamental en el estudio de las ideas políticas modernas. Los textos clásicos deben ser estudiados atendiendo no sólo a lo que estos expresan literalmente, sino también al hecho de que fueron escritos en un determinado contexto en el cual predominaban una tradición de pensamiento, unos problemas y una tradición histórica en la cual se mueven sus distintos autores. Tal como afirma Skinner (1993), existe una matriz intelectual y social en la cual el autor escribe:

               Comienzo analizando las características que me parecen más pertinentes de la sociedad en la cual y para la cual escribieron originalmente. Pues considero que la propia vida política plantea los principales problemas al teórico de la política, al hacer que cierta gama de asuntos parezcan problemáticos, y que una correspondiente gama de cuestiones se conviertan en los principales temas de debate[23].

Debe ser considerado el marco conceptual en el que son concebidos los textos clásicos. El presente estudio considera en todo momento el contexto histórico, social, cultural y político en el que fueron escritas las obras de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul y está consciente de que para comprender el sentido de la democracia en el pensamiento político de estos autores, se hace necesario verificar su relación con el régimen político de turno[24] y en referencia a estos, Harwich Vallenilla, citado anteriormente, considera que:

                        Siguiendo, en particular, las pautas metodológicas de Quentin Skinner, esta nueva investigación trata de contextualizar efectivamente el pensamiento de cada autor, expresado a través de sus obras más representativas. Se logra así ampliar considerablemente el universo de referencia, al incorporar un estudio minucioso de las fuentes citadas, lo cual permite identificar, con mayor grado de exactitud, el bagaje intelectual de algunos de los más destacados representantes del positivismo venezolano[25].

               Se trata de rodear los textos políticos clásicos en su respectivo marco ideológico con la finalidad de construir un escenario más realista y exacto sobre cómo pensaban y producían teoría política en todas sus diversas formas. Así, el presente estudio pretende analizar la democracia positivista en el pensamiento político de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, tomando en consideración el método ofrecido por Skinner para el estudio de la historia de las ideas políticas.


Sobre la Importancia y Justificación del Presente Estudio

               Este estudio de investigación sostiene su importancia y justificación en gran parte de las proposiciones anteriormente planteadas. Por un lado, representa un esfuerzo de investigación politológica en el área de la Historia de las Ideas, lo cual es fundamental para el desarrollo de la Ciencia Política venezolana. Esta, hablando en términos generales con Javier Roiz[26], se presenta muchas veces incoherente, heterogénea, multivariada y sin objetivo, rumbo y objeto de estudio preciso, además de diferenciado de las otras y más desarrolladas ciencias sociales contemporáneas[27].

               La reflexión de Roiz apunta no sólo a la Ciencia Política europea, sino también a la norteamericana y por eso, su visión coincide con la de Giovanni Sartori en ¿Hacia Dónde va la Ciencia Política? el cual, aunque no se refiere con exclusividad a Venezuela, al igual que Roiz (1980) considera que esta disciplina aún adolece de muchas limitaciones y sus alcances teóricos y prácticos no son los que deberían esperarse[28].
Podríamos preguntarnos, con Sartori (1980), hasta qué punto la investigación sobre la democracia es realmente pertinente para el campo de la Ciencia Política. Se arguye que la misma adquiere relevancia en el sentido de que la definición y pensamiento sobre la democracia es el campo sobre el cual gira la Ciencia Política actual y sobre el que se mueve la mayoría de sus reflexiones y en este sentido, el cuantitativismo no debe constituirse en su base fundamental.

¿Qué es la democracia? Si con esto se está solicitando una definición, entonces es probable que la respuesta sea que no debemos preocuparnos por definirla y que las definiciones deben ser poco precisas.  De otra manera, es probable que la respuesta sea que ésta es una pregunta mal formulada que conduce a una discusión ontológica, mientras que la pregunta correcta es: ¿Hasta qué grado es democrático un Estado y/o una democracia? Sin embargo, me parece que ambas respuestas malinterpretan el argumento[29].
                                   
Es sumamente importante, para el desarrollo de la Ciencia Política, la discusión sobre sus temas fundamentales y en especial sobre sus definiciones, ello para evitar responder con incomodidad cualquier interrogante que se dirija a indagar hacia dónde va esta ciencia, que en el sentir de Sartori, no va a ningún lado, “es un gigante que sigue creciendo y tiene los pies de barro[30].

El estudio de esta época (1908-1935) y de sus autores representantes, se hace esencial en la medida en que es a partir de la misma en la que se comienza a configurar un Estado Racional Moderno, es decir, el pensamiento positivista configurará una visión de la política y de lo político (y de la democracia) que causará gran polémica desde el mismo momento en el que fueron postulados sus concepciones fundamentales.

Se hace indispensable, entonces, analizar, en primer lugar, la originalidad que tuvo el positivismo venezolano de finales del siglo XIX y especialmente el de principios del siglo XX, para captar dicha complejidad política, ante la cual, sin duda, realizó muchos intentos por lograr su comprensión, para que así, los numerosos y profundos problemas que aquejan a la herida Venezuela puedan ser resueltos por los propios venezolanos y por sus gobiernos, los cuales deberían estar adaptados a la propia realidad venezolana.

He allí un aporte fundamental del pensamiento político que se encuentra en los autores positivistas que serán considerados a continuación. Y en la consideración de este argumento y destacando la relevancia del aporte positivista a la realidad política venezolana, es que los investigadores del presente estudio encuentran su motivación teórica y académica fundamental.


Consideraciones Sobre el Origen y Singularidad del Positivismo Venezolano

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX venezolanos, tuvo lugar una original producción teórica por parte de diversos autores formados académicamente bajo las influencias de la teoría positivista y evolucionista europea. Las obras más trascendentales de dichos autores recibieron también otra influencia fundamental: las circunstancias políticas y sociales existentes en la Venezuela de entonces, caracterizadas, entre otras cosas, por la presencia de regímenes personalistas y caudillistas, la anarquía y el deterioro social, las fracciones y divisiones políticas, el nepotismo, la imposición violenta del orden social, etc. Los estudios e investigaciones en la historia y las ciencias sociales estuvieron marcados, de un lado, por el régimen político de turno existente, y del otro, por el paradigma positivista[31] dominante en la época.

Muchos son los que consideran que ni siquiera ha existido tal positivismo venezolano y afirman que este se trata de una doctrina meramente europea. Sin embargo, Nikita Harwich Vallenilla[32] se limita a decir que si bien el positivismo surgió en Europa, en América Latina adquirió originalidad y un sentido propio en el tratamiento profundo de los temas considerados por éste. Argumenta que la corriente positivista en Latinoamérica, y en ello coincide con la visión sostenida por Arturo Sosa (1983), fue ciertamente original y hubo una real creación de pensamiento y teoría política.

Positivismo y positivista son términos acuñados inicialmente por los trabajos de Comte y están ligados a sus enseñanzas, de modo que fue planteado inicialmente como un sistema filosófico hoy ampliamente discutido y analizado. Las fuentes de inspiración de la corriente positivista en Venezuela datan del discurso en la Universidad Central de Venezuela de Rafael Villavicencio. Luego, Antonio Guzmán Blanco introduce la doctrina positivista en la enseñanza universitaria y en las cátedras asociadas a la Historia Natural. A partir de allí, el positivismo tendrá gran difusión entre los círculos académicos del país.

Según Harwich (1985)[33], pueden ser identificadas tres generaciones de pensadores positivistas; la primera es la que corresponde a los positivistas iniciales y primeros difusores de la corriente en el país, sobre todo Ernst y Villavicencio; la segunda es la generación de los discípulos de éstos y sus seguidores fuera de aula y la tercera es la que se ubica en las tres primeras décadas del siglo XX, es decir, la que corresponde a las obras de la trilogía positivista intelectualmente más conocida: Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul:

En este sentido, una tendencia muy marcada dentro de la historiografía del positivismo venezolano, al partir de la relación previamente establecida (aunque no verificada) de Comte, Villavicencio y Ernst y los demás, ha analizado las obras de algunos autores, particularmente Gil Fortoul, Arcaya o Vallenilla Lanz, en términos de su supuesta vinculación con la doctrina original del pensamiento positivista europeo, tomando en cuenta la influencia de otros padres fundadores como Herbert Spencer, Charles Darwin o John Stuart Mill[34].

Así, la trilogía positivista, compuesta por dichos autores, se formó intelectualmente en la sociología europea, estudiando sobre todo las obras de Comte, Spencer, Durkheim, Bordeau, Gumplowicz, etc. Ello dio pie a que los estudios sobre estos autores (Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul) se enfocaran en sus fuentes metodológicas y teóricas y se concluyera que el positivismo llegó tarde a Venezuela y que sus divulgadores fueron intelectuales mediocres. Pero luego se dejó de lado esta posición y se comenzó a analizar la visión no sólo de estos autores sino también la de otros dignos representantes del pensamiento positivista.

Se impuso la conclusión de que los autores positivistas venezolanos no pretendieron otra cosa que pensar sobre cuestiones que le concernían a Venezuela y que además utilizaron la metodología de autores científico-sociales europeos que les eran contemporáneos. Afirma el anterior autor (Harwich; 1985) que lo que en Venezuela se llamó positivismo fue un conveniente método de análisis que contribuyó a que los autores que hicieron uso de éste intentaran la resolución de preguntas fundamentales sobre el ser venezolano, sobre la naturaleza de la nación venezolana[35].

Al abordar el estudio del pensamiento político venezolano no puede pasarse por alto el hecho de que la filosofía política positivista[36] venezolana no sólo trató de explicar una realidad a partir de las herramientas teórico-metodológicas con las cuales contaban sus representantes, sino que también recurrió a la transformación y desarrollo de dicha realidad por medio de la formulación teórico-práctica de planes e ideas. Varias de ellas fueron llevadas a la práctica por los regímenes políticos de turno. Así, el acaecer político venezolano también se vio considerablemente afectado y transformado por ésta.

Para verificar dicha transformación se requiere el estudio, investigación e indagación sobre este conjunto teórico y es por ello que se hace necesario comprender cuál es el pensamiento político y social que en él se refleja, ya que la Ciencia Política venezolana y en especial, la Teoría Política venezolana, a excepción de destacados y fundamentales investigadores, se ha dedicado poco a la sistematización y desarrollo de ese pensamiento.

Se deja de investigar y dar a conocer una de las etapas políticas más cruciales y determinantes en la Configuración Política Venezolana; esto porque es ésta la época en la cual puede encontrarse el origen y uno de los primeros intentos de conformación de un Estado-Nación Venezolano Moderno. Entonces, teorizar sobre estos autores y en especial, sobre el conjunto teórico que constituye el pensamiento político positivista venezolano, implica observar cómo la dinámica y el acaecer político venezolano encuentra un punto de quiebre e inflexión que inclusive hasta el día de hoy continúa reflejándose en el devenir político nacional:

La etapa 1903-1935 es señalada por la mayoría de los historiadores como el comienzo y consolidación del Estado Moderno venezolano (…). A partir de 1909 hace acto de presencia una generación de juristas y científicos, la llamada segunda generación de los positivistas: José Gil Fortoul, Pedro Manuel Arcaya, César Zumeta, Laureano Vallenilla Lanz, Román Cárdenas, Samuel Darío Maldonado, Manuel Díaz Rodríguez, Felipe Guevara Rojas, entre otros, que ocuparon durante largo tiempo, destacadas posiciones ministeriales bajo el gobierno de Gómez y lograron adelantar reformas legislativas fundamentales (…)[37].

Debe tenerse en cuenta que hablar de pensamiento político implica no sólo aislar categorías conceptuales (en este caso la categoría de democracia) que permitan una mayor comprensión del fenómeno político, sino que también implica, en gran medida, indagar hasta qué punto dicho pensamiento es sistemático y coherente en sí mismo y en qué medida estos tres autores se acercan y distancian entre sí.

Existen categorías comunes a estos escritores que constituyen herramientas conceptuales y teóricas para analizar la política y la sociedad venezolana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Así, se cuenta con las categorías de: partidos políticos, revolución, evolución social, raza, oligarquías y élites, caudillismo, demagogia, constitución de papel y constitución orgánica (o constitución efectiva, categorías usadas indistintamente por Laureano Vallenilla Lanz) y, finalmente, democracia. Estas categorías son sólo una muestra del universo que representa en sí mismo el pensamiento político de los autores objeto de este trabajo de investigación.

Además, pueden ser identificadas ideas y tópicos de estudio fundamentales que ligan, conectan e interrelacionan estos tres pensadores positivistas, las cuales están vinculadas con el pensamiento político positivista en sí mismo y con la noción que ellos sostienen sobre la democracia.

Una idea fundamental es que los hechos se deben observar tal cual son, sin prejuicios ideológicos y valorativos. Se hace referencia en este sentido, a la noción de la neutralidad axiológica y al hecho de que el pensamiento político positivista intenta observar los hechos tal cual se presentan en la realidad y para ello, los prejuicios y afectividades que puedan afectar el tratamiento teórico del objeto de estudio deben evitarse en la medida de lo posible.

A partir de esta suposición se comprende el rechazo hacia los modelos políticos incompatibles con las realidades de los pueblos donde son forzosamente aplicados y se entiende, de igual modo, por qué fueron en su tiempo tan polémicas las interpretaciones que a distintos temas les dieron los autores positivistas venezolanos[38].

El pensamiento político positivista de corte venezolano, influenciado enormemente por la sociología positivista europea[39], también contaba en el marco de su estructura teórica con una concepción acerca de la democracia y del ideal democrático especialmente distinta al esquema presentado por la democracia de tipo liberal y además, dicho pensamiento positivista reunía entre sus premisas ideas y preceptos que contradecían a la liberaldemocracia. Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, ofrecen una visión acerca de la democracia y la comprensión y abordaje de su pensamiento político está indefectiblemente asociado a esta visión; ello, sin olvidar lo polémicas que llegaron a ser estas concepciones en su época y lo polémicas que pueden llegar a ser hoy en día en Venezuela[40].

Un elemento en el cual coinciden estos tres autores consiste en que el pueblo venezolano no se adapta a la liberaldemocracia porque este es un modelo importado que no se corresponde con sus usos y costumbres. Los pueblos hispanos no pueden gobernarse a partir de un mismo modelo de organización política, sino que deben ser consideradas sus condiciones reales. Un ideal de democracia está presente en la obra de dichos intelectuales, y en razón de ello, se emprende un estudio comparado del mismo; considerando, de igual modo, que según la visión histórica, jurídica, sociológica y política positivista, los modelos o formas políticas no se imponen[41], se construyen.

Así como el pensamiento político positivista en Vallenilla Lanz, Gil Fortoul y Arcaya adquirió su propia originalidad en Latinoamérica, la democracia, impuesta forzosamente, se expresó de una forma distinta, de acuerdo a las condiciones reales donde se implantó; es decir, aquí la democracia se encarnó en un hombre (el Caudillo), que es el César Democrático del cual habla Vallenilla Lanz y que proviene del pueblo, de la dinámica propia del orden social[42].

Abordar la democracia a partir del pensamiento político de Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul supone una compleja tarea de análisis y reflexión que abarca distintos elementos teóricos, metodológicos e ideológicos. Así, la democracia como concepto se presenta multivariada, caracterizada por distintos elementos tan dispares y contradictorios entre sí, que cabe afirmar que no existe un concepto homogéneo de ésta, sino que diversas escuelas de pensamiento la han definido, imponiéndose la visión liberal, aparentemente opuesta a la interpretación propia del pensamiento político de los autores positivistas venezolanos.

En el presente escrito no sólo se estudia el pensamiento político de esta trilogía positivista, sino que también realiza una vinculación entre estos autores y extrae las categorías de análisis[43], conceptos, ideas y herramientas conceptuales y teóricas referidas a la democracia, que permiten una mejor comprensión de la idea de la política y del pensamiento político en relación al ideal de la democracia de principios del siglo XX venezolano, considerando a dicha trilogía positivista venezolana.

Esto en razón de que las tesis de los teóricos positivistas, luego de los innumerables choques políticos y revueltas acaecidos, ocuparon un lugar preferido en los argumentos de los más importantes pensadores de principios del siglo XX venezolano y contribuyeron a la resolución de problemas de Estado fundamentales y al desenvolvimiento del acaecer político venezolano. “La ideología positivista y las prácticas gubernamentales de corte cesarista influirán determinantemente en los procesos de desetnetización[44] nacional tal como presume Vallenilla Lanz en lo político, Gallego en lo educativo y Planchart en cuanto a inmigración, etc.”[45].

Ahora bien, siguiendo las disertaciones de Javier Roiz[46], es necesario que el investigador empírico (pero también el investigador teórico) formule las preguntas necesarias para llevar a cabo la investigación planteada. Estas interrogantes son las que definirán los objetivos específicos y generales que guiarán el transcurso investigativo y servirán de marco referencial en la resolución de las dudas planteadas al propio investigador, de manera que con ellas se dirige y guía la investigación misma y el intento de resolverlas es de lo que trata el trabajo investigativo, de allí la importancia fundamental de que se formulen las preguntas precisas y más acertadas, ya que estas permitirán abarcar de una manera más aceptable, mas no total y definitiva, la problemática de estudio en cuestión.

Por ello, y en un sentido general, se pretende resolver, al menos de forma parcialmente satisfactoria los siguientes cuestionamientos: ¿Cómo se expresó la concepción de la democracia en el pensamiento positivista venezolano si se considera la obra intelectual de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul? Podría adelantarse que la presente investigación ha resuelto, para la efectiva comprensión del ideal democrático en la obra de dichos autores, no sólo indagar profundamente sobre el mismo, sino también en la comprensión de las categorías e ideas políticas manejadas por estos autores y que se encuentran indefectiblemente asociadas a la visión de la democracia presente en el pensamiento político de los mismos.

Otras interrogantes fundamentales sobre las cuales gira el presente estudio son: ¿Cuál es la idea de la política presente en las obras de los representantes del positivismo político venezolano Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul? ¿Cuál es la idea de lo social presente en estos autores? ¿Cuál es la relación existente entre lo social y lo político concebida desde la perspectiva de dichos autores?

¿Fueron estos teóricos políticos positivistas venezolanos esencialmente justificadores del régimen político personalista y autocrático del General Juan Vicente Gómez (1908-1935), contribuyendo con esto a su sostenimiento en el poder o acaso pensaron lo social y lo político desde una perspectiva no influenciada por el régimen de turno? ¿Cuál fue la influencia que la sociología positivista europea tuvo en el paradigma positivista venezolano y cómo se expresó este último en una producción académica auténtica, propia y original?[47] Y más aún, ¿Cuáles son los conceptos y categorías de análisis apropiadas para describir e interpretar el pensamiento democrático en su relación con lo social y lo político en Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, autores propios del pensamiento positivista venezolano de comienzos del siglo XX?

Estas interrogantes, y otras que surgirán con la dinámica del análisis, se responderán en el estudio, con lo cual se observará que son muchas más las interrogaciones que pueden surgir en torno a la problemática presentada, las cuales demostrarán más evidentemente las limitaciones de la investigación. Pero, con todo, a partir de estas interrogantes se pretende, en la medida de lo posible, describir y analizar el Pensamiento Político Democrático presente en las obras de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul (1908-1935), con el fin de entender y comprender la visión que se tenía de ésta para la época y en el pensamiento político de los mismos, así como también la vinculación existente entre estas dos áreas.


Las Letras Positivistas Frente al Gomecismo y el Problema de la Justificación al Régimen
                                   
Así como hubo oposición al régimen de Juan Vicente Gómez Chacón, existió igualmente un grupo de teóricos y pensadores políticos, encargados de pensar lo social y lo político en el marco de este gobierno, ya sea en la clandestinidad o a la luz pública. Esto condujo, naturalmente, a develar las deficiencias de éste y, por otra parte, condujo a su justificación. Así, bajo este contexto, los teóricos políticos opositores y los teóricos políticos justificadores (para utilizar una clasificación evidentemente arbitraria, ya que toda clasificación lo es) pensaron lo político utilizando la mayoría de las veces unas herramientas teórico-metodológicas que fueron el producto de una formación académica e intelectual con un enorme sentido europeo.

Y es que muchos de estos intelectuales, nacidos en Venezuela, pasaron a completar su formación académica en Francia, Alemania, España, Suiza, etc. Se vivía una época en el país donde lo deseado era irse a, en lugar de irse de Venezuela[48], para asegurar una vida con mayor comodidad o una más eficiente formación académica.

Así, los llamados teóricos positivistas o filósofos del positivismo, al igual que la gran mayoría de los intelectuales del país, no habían dejado de visitar el continente europeo, recibiendo con ello el influjo de las ideas europeas provenientes de las artes, la educación, la sociología, la economía, la historia y la política. Habían regresado al país para servir en un régimen de gobierno autocrático, el de Juan Vicente Gómez, que estaba caracterizado por ser altamente represivo y negador de la libertad, tal como lo afirma Carrera Damas:

El eclipse así sobrevenido en la recién iniciada larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia, se manifestó como el predominio de la República Liberal Autocrática, cuyo más alto exponente fue la tiranía de Juan Vicente Gómez Chacón, laureada como la más alabada representación del surgente bolivarianismo-militarismo durante el siglo XX. (Carrera Damas; Pág. 5)[49].

Este período de dictadura opresiva, identificada como la más larga que haya tenido lugar en la historia de Venezuela y además de ello, una de las más sangrientas e intransigentes, alberga en sí misma el auge y apogeo del pensamiento político positivista venezolano, tantas veces acusado de justificar la dictadura y de negar los principios fundamentales de la democracia representativa, la cual, en el siglo XX, en plena Europa, se había mezclado con los elementos de la teoría liberal para dar lugar a las modernas democracias liberales.

Manuel Caballero formula en su obra “Gómez, el Tirano Liberal” la idea de que tiranía y liberalismo pasan a juntarse en una misma época histórica y bajo la figura del General Juan Vicente Gómez. El autor sostiene que con el régimen gomecista puede hablarse de “bonapartismo” en el sentido de los elementos militares que han tomado el poder luego de una revolución. En palabras del autor, Gómez “resume, culmina, afirma y finalmente permite negar el siglo diecinueve[50].

Las acciones de Gómez abren paso al siglo XX. En el sentido de hacer política, el tirano liberal niega el siglo XIX y contribuye a la consolidación del Estado Moderno venezolano, caracterizado por la existencia de una institución militar realmente consolidada, la centralización del poder, vías de comunicación y la ausencia de guerra.

Gómez acaba con las guerras civiles y los personalismos regionales y además, se consolida en el imaginario colectivo la idea de que un hombre fuerte debe regir los destinos de la Nación venezolana para lograr el orden y progresar. El personalismo gomecista no puede ser definido como totalitario, sino que siguió el patrón de las dictaduras paternalistas.

El pensamiento político positivista venezolano pretendió ser una forma novedosa de observar, aprehender y hacer comprensible la realidad política nacional; y a pesar de la anterior acusación de justificación al régimen de turno y de la distinta y original concepción de la democracia que posee este pensamiento, no pueden ser negados los elementos propios de la teoría liberal que se hacen presentes en el conjunto entero de su producción teórica.

Tal vez la desconfianza hacia el positivismo de corte venezolano provenga del hecho de que sus teóricos principales y sus representantes fundamentales estuvieron íntimamente asociados al régimen gomecista, ocupando cargos políticos importantes, entre los cuales destacan cargos diplomáticos y consulares de una especial relevancia.

Tal como afirma la profesora Plaza (1996), el positivismo propuso un método que pretendió abarcar los problemas reales del país, pero aún así, se le criticó que haya sido un modelo marcadamente influenciado por la filosofía política y la teoría sociológica europea: “Se ha señalado que el pensamiento positivista venezolano era una filosofía importada que guardaba poca relación con los problemas reales del país, y que conllevaba a una visión pesimista y descalificadora de la realidad nacional”.  (Plaza; Pág. 15)[51].

Arturo Sosa[52] analiza el positivismo venezolano a la luz del somocismo y trata de hacer la diferenciación correspondiente entre estas dos realidades, ya que algunos autores han hecho hincapié no en los aportes del paradigma positivista en la comprensión de la realidad venezolana, sino más bien en su vinculación con el régimen de Gómez (un ejemplo de estos es Elías Pino Iturrieta, citado por la profesora Plaza (1996), el cual afirma que el positivismo se adhiere a la causa del régimen de turno e impide manifestaciones en contra). Así, por ejemplo:

(…) La obra de Pedro Manuel Arcaya, José Gil Fortoul o Laureano Vallenilla Lanz ha marcado el proceso de la comprensión histórica de Venezuela. El proyecto político de estos y otros pensadores se confunde con el régimen al cual sirvieron. Pero no por ello se debe confundir positivismo y gomecismo como dos caras de la misma moneda, dentro de una visión limitativa de los fenómenos históricos[53].

Arturo Sosa (1985) tratará también esta fundamental cuestión, la cual, en diversas interpretaciones, podría conllevar a la conclusión de que la idea de democracia manejada por estos autores no se trató más que de un trabajo teórico destinado a la justificación del régimen político de turno; de allí las radicales diferencias entre la idea de la democracia sostenida por la trilogía positivista y la democracia liberal, vigente no sólo en Europa, sino también con partidarios en todo el continente, dispuestos en numerosas ocasiones a descalificar los escritos de los intelectuales venezolanos y a delatar el gobierno autocrático que tuvo lugar en Venezuela:

Abordar el período gomecista desde la perspectiva del desarrollo del pensamiento político venezolano es una incómoda tarea en una Venezuela que todavía siente la necesidad de descalificar absolutamente todo lo que sucedió durante los primeros treinta y cinco años de este siglo. (Sosa; Pág. 3)[54].

Lo que sucede es que el General Juan Vicente Gómez[55] contó durante sus veintisiete años en el gobierno con un gran número de jóvenes intelectuales positivistas. Estos autores plantearon su propia concepción del proceso histórico venezolano para enfrentarse a los historiadores románticos y, además, “en el desempeño de altas funciones políticas lograron mantener vigente su criterio liberal positivista en la solución de problemas de Estado como el rumbo de la codificación, la defensa del patronato y la orientación laica de la educación pública”. (Velásquez; Pág. 117)[56].

El positivismo político venezolano, tal como ya se ha afirmado, logró captar, con la utilización de sus herramientas teóricas provenientes fundamentalmente de la sociología positivista europea, la realidad sociopolítica de la nación durante la época que abarca desde finales del siglo XIX hasta 1935, aproximadamente. Claro, la realidad, al presentarse tan compleja, no puede ser captada en su totalidad por ningún paradigma teórico, utilizando aquí el término paradigma en el sentido de Khun[57], sino que es captada de una forma parcelada y casi siempre incompleta, incoherente y poco sistemática.

Estas eran las herramientas teóricas con las que contaban los teóricos políticos positivistas, los cuales afirmaban la necesidad de aprehender la realidad tal cual es, sin sesgos ideológicos y sin predominio de elementos valorativos y emocionales que puedan entorpecer el análisis político y social, que puedan impedir captar la realidad en su complejidad. Pero los positivistas tenían pretensiones de universalidad y generalidad, deseaban encontrar axiomas generales y universales que les permitieran comprender la complejidad sociopolítica y de algún modo realizar predicciones al estilo de las ciencias naturales, ciencias de las cuales había recibido el positivismo europeo su mayor influencia.

Es el sentido político, indefectible e inevitablemente ligado a lo social y a las interacciones ocurridas en el marco de la complejidad real, lo que el positivismo quiso en su época captar. Pero debido a que esta tarea, junto a sus más destacados representantes intelectuales, tuvo como mano amiga el régimen del General Gómez, muchas veces ha sido desechada e incluso ignorada por numerosos investigadores que constituyen las áreas académicas que hacen presencia en Venezuela:

               La relación entre el pensamiento positivista, sus autores y el régimen de Juan Vicente Gómez es tan evidente que ha sido aceptado, incluso en medios académicos, hablar de la “filosofía política del Gomecismo” o del “pensamiento político gomecista”. Esta evidencia aceptada no significa, sin embargo, que se haya establecido definitivamente el carácter de esta relación. Si el efectivo apoyo brindado por los más conspicuos representantes de la corriente positivista al gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez es fruto de una coherencia total con las premisas de su pensamiento o de una humana ambición de poder, es objeto de discusión y de radicales desacuerdos en nuestro medio intelectual y político[58].

Por esto es que la dura crítica a los intelectuales positivistas está acompañada por otra crítica aún más dura al gobierno gomecista; de allí que a algunos de estos teóricos se les acuse de vender su teoría al mejor postor, de vender su pluma a la tiranía y en beneficio de ésta. Corresponde entonces al teórico de lo político estudiar cuán ciertas son dichas aseveraciones, si es que acaso hubo o no justificación positivista al régimen gomecista o hubo un empeño por captar la realidad, tal como ya se ha afirmado.

Pero a juzgar por los hechos, y considerando en conjunto la obra de estos autores, se puede afirmar de antemano que, ciertamente, estas dos intensiones están presentes en su obra, pero que el empeño por teorizar lo social y lo político y sobre todo, en el caso que nos ocupa, el esfuerzo por teorizar un sentido de la democracia que es propio de las naciones latinoamericanas, a pesar de estar acompañado en algunos casos de elementos justificadores de regímenes personalistas, tuvo un mayor peso en la elaboración intelectual de escritores que no sólo fueron sociólogos, sino también abogados, historiadores, economistas, literatos, filósofos e inclusive científicos políticos[59].

Destacan entre estos, tal como ya se ha afirmado, los escritores venezolanos Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, los cuales no sólo se encargaron de pensar lo político y ofrecer soluciones ante los numerosos problemas del país, sino que también fungieron como justificadores del gobierno de turno. Muestra de ello se encuentra en las distintas posiciones sostenidas por los mismos:

              Vivimos en paz con todo el mundo, practicando ampliamente aquel derecho en el cual un grande hombre de Estado francés funda el concepto moderno de libertad, condensado en esta fórmula elocuente: La libertad es el derecho a disciplinarse a sí mismo para no ser disciplinado por los otros[60].

               Nuestro tiempo es de positivismo y de verdad. La política que conviene a nuestro país es la que tiende a glorificar los triunfos industriales, a ennoblecer el trabajo, a rodear de honor las empresas de colonización y de industrias, a reemplazar en las costumbres del pueblo, como estímulo moral, la inclinación a las revueltas por el amor al trabajo, el entusiasmo guerrero por el entusiasmo industrial, el patriotismo belicoso por el patriotismo de las empresas que cambiarán la faz estéril de nuestras vastas regiones en emporios de riquezas[61].
              Más aún, el autor (Vallenilla Lanz) sostiene que entre sus convicciones teóricas y políticas no existen divergencias. Ello no sólo es muestra de su sinceridad intelectual e ideológica, sino que le permite detectar los problemas y carencias por las cuales atraviesa Venezuela y afirmar que es el régimen de Gómez el gobierno que ha intentado resolverlas:

              Entre mis convicciones de historiador y de sociólogo y mis convicciones políticas, no hay discrepancias de ningún género. Yo soy en el libro el mismo hombre que en la prensa, en la plaza pública y en el Congreso. Sostengo el régimen actual de Venezuela, porque estoy plenamente convencido por los resultados, de que es el único que conviene a nuestra evolución normal; porque es el que, imponiendo y sosteniendo la paz a todo trance, está preparando al país para llenar ampliamente las dos grandes necesidades de todas estas democracias incipientes, con enormes desiertos y con poblaciones escasas y heterogéneas, que carecen todavía de hábitos, de ideas y de aptitudes para cumplir los avanzados principios estampados en nuestras constituciones escritas: inmigración europea y norteamericana (gente blanca) y oro, mucho oro, para explotar nuestra riqueza y hacer efectiva la unidad nacional por el desarrollo del comercio, de las industrias y de las vías de comunicación[62].

También Arcaya procede a la justificación del régimen de Juan Vicente Gómez. Esta cuestión es elemento constante en la mayoría de sus obras y discursos. Esto puede ser verificado cuando él mismo afirma que:

La nación entera sostiene la paz de cuyos resultados está cada vez más satisfecha, y esto ha sido porque el general Gómez con perspicaz visión, atinó a percibir las verdaderas necesidades de la República  y comprendió desde el principio que era implacable el deber de satisfacerlo[63].

La misma afirmación cabe, pero esta vez con menos intensidad, cuando se habla de la obra de Gil Fortoul. En el marco de su obra histórica es casi imposible captar elementos justificadores, pero el transcurso de sus discursos políticos, sin duda que dichos elementos se hacen presentes:

              Recordemos que la conciencia nacional empezó condenando, en fallo inapelable el sistema de inconsideradas aventuras que estuvo a punto de apagar con angustioso eclipse el ideal alboreo hace un siglo en el cerebro de nuestros antepasados. Recordemos que el Presidente Gómez, guiado por ese ideal a través de las sombras y los obstáculos, logró en breve tiempo implantar un nuevo régimen administrativo de calma y progreso, sustituyendo a la anarquía, apaciguando disensiones, llamando a sus hogares a cuantos, o náufrago o víctimas, vagaban por países extranjeros; llamando también –noble ejemplo-  a compartir con él la tarea del Gobierno a muchos de sus antiguos adversarios, señalando así más amplio horizonte a la política liberal, para reanudar en el seno de Sincera Concordia la tradición de una República Fuerte , respetada y próspera por el libre desarrollo de sus propias energías.[64].

              (…) la Administración del Presidente Gómez ha logrado inspirar absoluta confianza al capital y al trabajo y goza, en consecuencia, de crédito mayor que el de ninguna otra Administración. Confianza y Crédito son efectivamente bases primordiales de la prosperidad actual y aseguran definitivamente el porvenir.[65].

Puede afirmarse que en el trabajo intelectual de la trilogía positivista se presenta con la dualidad de, por un lado justificar el régimen de turno, presidido éste por Juan Vicente Gómez y por otro, abordar la problemática que acarrea la democracia desde una perspectiva propia y original asociada en un enorme sentido al César Democrático y a la idea de que para su real efectividad debe tener presencia un Hombre Fuerte que imponga el orden, encamine el progreso nacional y además, cuente con el apoyo popular y con una legitimidad democrática estable. Estos escritores ven en Gómez la deseada figura política que se deriva de las propias circunstancias sociopolíticas, que no es impuesta, sino que se constituye en una necesidad social.

Así, con todo, la filosofía positivista no tuvo su primera presencia en la escena intelectual venezolana a partir del advenimiento  del régimen de Juan Vicente Gómez, sino varias décadas antes de que concluyera el siglo XIX y continuó su vigencia expresa y dominante hasta aproximadamente 1935, coincidiendo con la muerte de Gómez y con el fin de su gobierno. Años antes del fin del gobierno gomecista, un grupo de jóvenes intelectuales venezolanos se había encargado de criticar duramente al gobierno nacional y a hacerle oposición a éste, así como también a las dominantes ideas políticas y sociales positivistas.

Este mismo grupo fue el sustituto político de los gobiernos posgomecistas que tuvieron lugar años más tarde, ejerciendo un influjo determinante y de principal importancia en la vida política nacional, específicamente a partir de 1945, año que puede ser señalado como el iniciador de la liberaldemocracia en Venezuela, porque esencialmente, la democracia venezolana vendrá a implantarse con el esfuerzo de esta oposición antigomecista precursora.

2.5.- La Relación entre lo Social y lo Político en el Pensamiento Político Positivista Venezolano

Antes de hacer referencia de forma específica al pensamiento político democrático de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, se hace necesario indagar sobre la idea de lo social y su conexión con la concepción de lo político y la política presente en dichos autores. Ello se emprende con la finalidad de comprender en qué marco se desenvuelve una idea de la democracia y cómo encuentra ésta su originalidad en la región latinoamericana y en especial, en Venezuela.

Se describirá, en primer lugar, el plano social y cómo éste es concebido desde la sociología positivista. Luego se hará especial referencia a la concepción de lo político y de la política como elementos indefectiblemente asociados a la noción de lo social y que no pueden ser comprendidos sin antes vincular estos dos planos.

2.5.1.- Lo Social en el Pensamiento Político Positivista Venezolano

Lo primero que debe ser considerado es que para entender lo social en estos tres autores (Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul), se hace necesario remitirse a la idea de que el orden social vigente es el resultado del pasado, de las condiciones históricas de cada pueblo y de cada sociedad. Ello en relación con el hecho de que todo pueblo evoluciona tal cual lo hacen los seres naturales vivos, es decir, es la idea del organicismo social, a partir del cual las interacciones sociales se entienden como regidas por leyes fijas e inmutables, y a los teóricos positivistas les corresponde la tarea de descubrir estas leyes estudiando el pasado para poder prever de esta forma el destino de cada sociedad.

El error fundamental de los legisladores venezolanos y más aún, latinoamericanos, es olvidarse del descubrimiento de estas leyes y aplicar modelos políticos que nada tenían que ver con la naturaleza del pueblo venezolano, con su real esencia. Los gobiernos y la vida política se derivan del acontecer social, las leyes y los líderes son el producto de las interacciones sociales y no al contrario. Esta noción es la que, desde la visión positivista, parece olvidada por los políticos y los grupos dirigentes de la política venezolana, ya que estos pretenden hacer derivar nuevas costumbres, modos de vida, una nueva cultura política de modelos políticos que no son propios de las sociedades latinoamericanas.

Es necesario, tal como lo hacen estos tres autores, un estudio comparado de distintas sociedades, especialmente de las sociedades europeas y las latinoamericanas, para que de esta forma puedan ser observadas las diferencias entre éstas y las particularidades de cada una de ellas. Así, las sociedades latinoamericanas se caracterizan por el Caudillismo; por razas anárquicas constitutivas de un conjunto de pueblos atrasados en comparación con las sociedades europeas, etc.

Ello se relaciona con el hecho de que cada sociedad es la productora de sus propias leyes. Al legislador le corresponde no implementar leyes importadas desde otras sociedades, sino las leyes surgidas del propio pueblo (idea del sociologismo jurídico presente en Arcaya y Vallenilla Lanz). Tampoco es favorable para las sociedades, tal como ya se ha afirmado, importar y aplicar modelos políticos provenientes de sociedades en otros estadios superiores de evolución, porque de lo contrario, se corre el riesgo de alterar el orden social, el curso natural de las naciones.

Este fue el error en el que incurrieron los primeros legisladores de la nación, los ingenuos e incrédulos legisladores y políticos que creyendo que a partir de la importación y aplicación de los ideales de la Revolución Francesa y de la Constitución estadounidense, podrían construir las instituciones políticas propias de Hispanoamérica, pasando por alto la naturaleza y efectivo desenvolvimiento, costumbres, características y constituciones orgánicas de estos pueblos.

Es necesario, antes que todo, considerar las características reales del organismo social, y esta es una idea presente en los tres autores objeto de este estudio. Se entra aquí en las consideraciones metodológicas que hacen posible estudiar lo social a partir del pensamiento político positivista. Este método proviene de la sociología europea y la profesora Plaza (1996) lo hace saber cuando afirma de Vallenilla Lanz que:

Las cosas no son como los ideólogos quisieran que fuesen, apunta don Laureano, sino como los hechos lo muestran. Eso es lo que él ha hecho en su obra, mostrar la evidencia que sostiene la teoría del gendarme necesario. Los hechos sociales deben ser analizados sin pasiones, sin amores, ni odios, ni rencores[66].

Entonces, considerando estas características, las sociedades no avanzan hacia el orden y el progreso por medio de revoluciones, sino por medio de la evolución natural de los pueblos, la cual se puede acelerar con la introducción de nueva sangre de gente civilizada de Europa. La cuestión de la limpieza étnica, asociada al progreso, es fundamental no sólo en la comprensión de una idea de la sociedad en el pensamiento político de los autores objeto del presente estudio, sino también en el entendimiento de una idea de la democracia.


2.5.2.- La Política y lo Político en el Pensamiento Positivista Venezolano

Tratar la política y lo político en el pensamiento político positivista venezolano implica diferenciar entre lo que corresponde al campo de lo político y lo que comprende la idea de la política, sobre todo aquella tratada por Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul. En escritos posteriores, se desarrollará la dimensión del pensamiento político en esta trilogía intelectual de forma más específica pero antes, y ello con la finalidad de poder comprender el sentido de la democracia en dichos autores, se procederá a analizar tanto el sentido de lo político como el sentido de la política y la manera como éstos son tratados en su vinculación con dicho ideal democrático.

En primer lugar, se considerará la visión de lo político y de la política que Chantal Mouffe trata en su texto “El Retorno de lo Político” (1999)[67]. Esta autora distingue entre estas dos nociones y afirma que lo político se encuentra asociado a la idea del antagonismo y la disputa, la hostilidad entre distintas partes, en el marco de las relaciones humanas mismas. Dicho antagonismo se manifestará como diversidad en las relaciones sociales, como una concepción no homogénea del acaecer social y del desenvolvimiento de las relaciones entre distintos individuos y facciones políticas. Se trata del rescate de la idea de la lucha por el poder que se expresa en un antagonismo evidente, noción que el liberalismo, junto a las teorías racional-universalistas y en un intento ingenuamente utópico, ha pretendido suprimir del acontecer político.

Por su parte, la política intenta por diversos medios establecer un orden político, lo que se conoce como ordenamiento institucional y estatal, el cual se encuentra atravesado por la concepción de lo político:

                   La política consiste siempre en “domesticar” la hostilidad y en tratar de neutralizar el antagonismo potencial que acompaña a toda construcción de identidades colectivas. El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo con los dispositivos agonísticos que favorecen el respeto del pluralismo[68].

                El liberalismo se vio afectado por el surgimiento de nuevos conflictos en la Europa del siglo XX, los cuales pusieron en duda el real triunfo de la democracia liberal. Se creía en la capacidad de suprimir las pasiones y colocarlas por debajo del derecho y la moral. La idea de un acuerdo racional, representada por los trabajos teóricos de Habermas y Rawls, sufrió en su legitimidad en razón de que se suprimía la política en cuanto a que no se captaba en su real dimensión. La dimensión a la que hace mención Mouffe es la que corresponde a aquella que contiene la relación amigo/enemigo y no aquella que la mira como el esfuerzo de construcción de un orden político libre de antagonismos y de desacuerdos mutuos y como producto de una situación completamente racional en términos de una relación comunicacional idealmente perfecta (Habermas).

Comprendiendo la anterior distinción, ahora se pretende analizar de forma comparada la idea de la política y la idea de lo político en el pensamiento político de Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortoul. En primer lugar, lo político debe verse desde la relación que éste guarda con la historia, ya que historia y política son dos elementos inseparables en sus obras; esto debido a que todo régimen político es necesariamente el resultado de la historia pasada, del pasado:

Las consecuencias más importantes de esta relación en lo que a la reflexión política se refiere fueron la visualización de un “basamento científico” para pensar la política, y – contradictoriamente con las visiones anti-historicistas de la ciencia política de nuestro tiempo- la inevitable carga historicista y teleológica que está presente en la reflexión. Se trataba de un intento de explicar la política en términos del comportamiento político. Ello conducía a la ideologización de la política[69].

Otro elemento considerado es la frecuencia con que el ejercicio del poder en Venezuela ha generado formas de gobiernos personalistas y caudillistas. Este elemento es propio de las sociedades latinoamericanas, en las cuales se sucedieron procesos de desinstitucionalización y reinstitucionalización producidos por las Guerras de Independencia. Esto último guarda una estrecha relación con el trabajo teórico de la profesora Graciela Soriano[70], el cual introduce la noción de sociedad discrónica, es decir, aquella en la cual tienen presencia en un mismo momento histórico desarrollos estructurales que pertenecen a distintas épocas. Además, guarda relación con la idea del voluntarismo institucionalizador y el voluntarismo personalista.

Esta última teoría fue propuesta por Graciela Soriano[71]. La autora parte del hecho de que todo proceso histórico implica creación, duración, estabilidad y caducidad y en ese sentido, para su mejor comprensión y análisis es imperativo el cuestionamiento y crítica sobre la permanencia de dichos fenómenos. Surge así la noción del desarrollo discrónico, que se refiere a la coexistencia de procesos e instituciones propios de épocas distintas en un marco histórico determinado[72].

Se entiende por voluntarismo la manifestación deliberada y consciente de la voluntad de acción, se trata de la actualización expresa de la voluntad y cuando la voluntad de los hombres se orienta a la satisfacción de necesidades y objetivos políticos mediante la creación de instituciones puede hablarse de un voluntarismo Institucionalizador.

Cuando existe un vacío institucional no cubierto, de forma que necesidades y objetivos políticos así lo condicionan, además de la propia ambición de poder, se está en presencia de un voluntarismo personalista. Así, debido a que el primer fenómeno procura la creación y adaptación de instituciones, presenta un mayor grado de racionalidad que el primero.

En referencia a Hispanoamérica, lo que se tiene es que es evidente el desarrollo discrónico a lo largo de todos su acaecer histórico, ya que lo que se verifica es la creación, adaptación, sustitución y destrucción institucional; de forma que se puede explicar como un constante proceso de creación institucional a lo largo de los siglos, con sus hitos históricos precisos y comunes y a los cuales Venezuela no escapa. De manera que el voluntarismo o personalismo pasa a constituirse en un proceso estructural, más que coyuntural y episódico, sea este institucionalizador o voluntarista.

Este elemento fue descrito por Vallenilla Lanz en su teoría del ejercicio del poder personal y en su planteamiento de la necesidad de un Gendarme Necesario que imponga el orden y el progreso. Esta idea coincide, igualmente, con las posiciones de Gil Fortoul y Arcaya, y así lo hace saber Sosa[73].

Para poder entender la concepción de lo político en estos tres autores, es necesario remitirse a los puntos comunes que los caracterizan. Por un lado, los autores plantean las divergencias entre los modelos políticos y la realidad efectiva. Estos modelos políticos son elaborados en Francia o Norteamérica y adaptados a sus circunstancias. Los políticos venezolanos han pretendido extrapolarlos a Venezuela sin la previa consideración de sus propias circunstancias, ya sean estas históricas, psicológicas, geográficas, culturales y sociales.
Entonces, es necesario, para dichos autores, que la organización política venezolana se adapte a sus circunstancias y de esta forma, evitar los problemas acarreados por el intento de “forzar” (imitar) la adaptación de dichos modelos. Aquí se está haciendo especial referencia a la idea de la construcción política o lo que se conoce como ingeniería política, la creación de instituciones políticas basadas en las constituciones reales y efectivas de los pueblos hispanoamericanos.

En estos autores, tal como ya se había notado, existe una tendencia a la desconfianza hacia los partidos políticos como entes que promueven la participación política, articulan intereses y demandas sociales. Sin embargo, es reconocida la existencia de dos tendencias políticas en el marco de la sociedad, las cuales poseen cierto grado de organización y configuran los denominados partidos políticos. Estas tendencias pueden estar dirigidas hacia la conservación del orden político existente o hacia su transformación (partidos Conservador y Liberal, respectivamente).

La idea de lo político y de la política no se encuentra plenamente estructurada y no se presenta tan coherente y homogénea como la noción de paradigma lo propone y tal como ya se había afirmado. Sin duda, la referencia a conceptos, categorías y nociones políticas es constante pero no existe una coherencia en dicho pensamiento político que pueda verse desde una perspectiva que excluya por sí misma las referencias históricas, sociológicas y jurídicas y sin embargo, lo político encuentra un lugar determinante en cada una de sus obras; es constantemente referenciado y vinculado a la preocupación por la posibilidad teórica y práctica de la democracia como sistema aún no impuesto en Venezuela, ello a pesar de los esfuerzos de los ingenuos legisladores nacionales.

2.5.3.- Lo Social y lo Político en el Pensamiento Positivista Venezolano: Una Relación Indefectible

En materia de la relación entre lo social y lo político presente en estos tres autores, dichas interacciones sociales (la vida social misma) han generado formas de gobiernos personalistas (la teoría del personalismo será tratada a continuación), ya que fue necesario mantener el orden en un medio con presencia de una raza desordenada y anárquica. Arcaya ve esta situación como un periodo de transición que conllevará hacia estadios superiores de organización social.

Es necesario, entonces, evaluar la posibilidad de que la democracia logre instaurarse en un país como Venezuela y ello debe verse en el sentido más objetivo posible, considerando no sólo las condiciones del propio pueblo venezolano (1908-1935), sino también el carácter y la naturaleza de las instituciones que se han logrado instaurar hasta los momentos y considerando de igual modo el ideal democrático a partir de un análisis profundo y sin sesgo ideológico alguno.

Una relación que puede observarse entre lo social y lo político, la cual liga a estos tres autores, es la idea de que el medio geográfico influye en todas las áreas de la vida humana, ya sea la económica, la política, la social o las formas de expresión cultural. Así, la geografía puede configurar tanto las relaciones sociales como la forma de gobierno que una sociedad puede tener. He aquí una clara relación entre este pensamiento positivista y el pensamiento propio de Montesquieu. De allí también la idea del llanero, tipo primitivo perfectamente adaptado al medio ambiente y a las condiciones sociales imperantes[74].

Los autores objeto de este estudio son sumamente cuidadosos con el método que utilizan para teorizar sobre la realidad social, por ello las discusiones metodológicas no están ausentes. Se deben abordar los hechos históricos y sociales sin emitir juicios de valor y excluyendo en lo posible las cargas valorativas. Esta es la única forma en que se puede lograr dar coherencia a una “ciencia positiva” que explique los hechos sociales de forma real; es esta una posición que se inclina más hacia el sociologismo de Comte y Taine que al de Durkheim.

A partir de ello es que se debe observar lo social y lo político como dos esferas en constante interacción y que se han ido expresando a lo largo del transcurrir histórico. Las formas, expresiones, y realidades sociales que hacen presencia en Venezuela se conectan con lo político en la medida en que los dos planos expresan tradiciones arraigadas en las gentes, productos sociales que no son de un pasado reciente, sino de antaño.

Así, lo social puede ser visto como capaz de transformar lo político y, en su constante interacción y vinculación, lo político puede llegar a transformar lo social. Esta positiva transformación no se generará a partir de la importación de leyes y modelos extraños a la naturaleza de los pueblos hispanoamericanos, y de llegar a producirse dicho trasplante de ideas y preceptos falsamente aplicables, seguirán ocurriendo los mismos desórdenes sociales y conmociones internas que atraviesan la historia nacional.

Es por esto necesario, entonces, aceptar la realidad tal cual se presenta y no imponerle cargas ideológicas que dibujen un mundo ideal, que por ser ideal, no es ni objetivo ni científico y siendo esto de ese modo, el esfuerzo del teórico debe estar dedicado no sólo a la comprensión de dichas realidades, sino también a encontrar los modelos políticos que sean realmente acordes con las mismas.


2.9.- Convergencias y Diferencias en el Estudio Comparado de la Idea de Democracia en la Trilogía Positivista

Pueden ser señalados los puntos en los cuales difieren estos tres autores del pensamiento político positivista venezolano. En primer lugar, Arcaya es el que desarrolla unas categorías más precisas y sistemáticas para estudiar la realidad política, esto a diferencia de los otros dos autores, que no logran aislar categorías políticas tan separadas de la sociología positivista y más vinculada con la realidad política.

Otro punto de divergencia tiene que ver con la idea de la Guerra de Independencia, ya que para Vallenilla Lanz ésta fue una guerra civil de venezolanos contra venezolanos y para Gil Fortoul, lo más importante es ver esta lucha como una guerra internacional que contribuyó con la formación de una consciencia nacional.

Las sociedades evolucionan desde estadios inferiores a estadios superiores de desarrollo, avanzan paulatinamente hacia el progreso. Esta fundamental idea, base del complejo conjunto del pensamiento político positivista, es parte de lo que en éste se denomina etapismo determinista[75]; de allí que dicho pensamiento esté caracterizado no sólo por el organicismo social, sino también por el evolucionismo, es decir, la idea de que el desarrollo de las sociedades conlleva necesariamente a un mayor perfeccionamiento social producto del progreso y de la efectiva imposición del orden.

En la visión de la democracia propia del pensamiento político de Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortul, otro elemento a ser caracterizado es la idea de que la democracia como modelo político propiamente europeo no es susceptible de traslado y aplicación a la sociedades latinoamericanas; esto si se considera el estadio de desarrollo propio de estos organismos sociales, no compatible con la democracia parlamentaria europea ni con el federalismo norteamericano.

Numerosos e históricamente frecuentes ideólogos y juristas venezolanos, fueron los encargados de “construir Repúblicas aéreas”, forzando el traslado de instituciones políticas y de ideales democráticos originarios de otras latitudes y de imposible aplicación exitosa en estos pueblos; estos juristas no consideraron la naturaleza de las sociedades a las cuales les correspondió legislar, y en lugar de basarse en las leyes e instituciones del orden social efectivo, imitaron teorías e ideas y pretendieron construir la República a partir de éstas.

El pueblo venezolano no estaba preparado aún para vivir en democracia en razón del problema de las razas. En el sentido de los autores considerados, los cuales constituyen el centro del presente trabajo investigativo, la mezcla de razas inferiores y superiores había degenerado estas últimas y había generado un pueblo racialmente deteriorado, heredero de las imperfecciones de grupos raciales inferiores como los negros y los indígenas, afectado en su mejor elemento (los blancos europeos) y por lo tanto necesitado de una limpieza sanguínea. Las políticas de inmigración de sangre europea por parte del Estado venezolano se constituyeron entonces en políticas fundamentales para una consecuente  limpieza de sangre[76].

El análisis positivista pretende plantear soluciones precisas a los problemas de tipo político, económico y social que aquejan a Venezuela. Ello por medio de la explicación y el intento de hacer comprensible la realidad social. Por ejemplo, para el logro de la democracia es necesaria la consideración de los elementos raciales que conforman el conjunto social. Se trata de lograr la uniformidad de la raza. Para Vallenilla Lanz, por ejemplo, el conjunto racial que está mayormente capacitado para sobrevivir y adaptarse a su entorno, más capacitado para enfrentar la naturaleza y dominarla, para pelear, para llevar las riendas del país y además de ello, la raza a la cual le debe Venezuela la independencia, es la raza llanera, es decir, la de Bóvez y Páez. En el sentido de Sosa, para los positivistas:

El tipo venezolano, en razón de la influencia del medio geográfico, es el llanero; tipo clasificado como primitivo. Por lo tanto, cualquier transformación en las formas políticas del pueblo venezolano exige necesariamente la transformación del medio físico que asegure la permanencia de los cambios en el orden social[77].

Un pueblo inculto es inmoral y poco capacitado para ejercer sus derechos políticos y vivir en democracia, y la función de los legisladores y gobernantes debía esforzarse, en el sentir de la trilogía positivista, en crear las condiciones para el desarrollo cultural de los habitantes del país, “lavar el cerebro del pueblo”, educar al pueblo venezolano, para seguir evolucionando hacia estadios superiores de perfeccionamiento social. Se trataba de atravesar etapas evolutivas, que permitieran que el ideal de la democracia liberal se introdujera progresivamente en el órgano social (dicha progresión se opone a la idea de revolución). La educación, en este sentido, juega un destacado papel.

Los caudillos venezolanos serían finalmente eliminados en la Batalla de Ciudad Bolívar en 1903. Juan Vicente Gómez encontró el camino más o menos libre para completar tanto la unificación como la centralización del Estado venezolano. Ello a través de un proceso de modernización del Estado que involucró la creación de las Fuerzas Armadas Nacionales como pilar fundamental del Estado Moderno[78]. Es ésta la razón por la que autores como Mascareño[79] resuelven en afirmar que la lucha entre el federalismo y el centralismo se ve anulada en los veintisiete años de mandato de Gómez, favoreciéndose el centralismo en detrimento del federalismo y perdiendo las provincias del país, nuevamente, su completa autonomía[80].

Un hombre fuerte encarna el ideal democrático y reúne para sí las fuerzas sociales de tal modo que no sólo encarna la nación sino que también pasa a ser representante de las voluntades particulares de cada uno de los individuos que lo han llevado al poder. Así, el pensamiento político positivista propio de estos autores parte de una concepción igualitaria de la sociedad venezolana en el sentido de que es el pueblo el que eleva al caudillo u hombre fuerte de la política hasta el puesto que le corresponde histórica y legítimamente ocupar.

A partir del igualitarismo social se eleva una figura política personalista que encarna el ideal democrático con una visión propia y original, un Cesar Democrático, utilizando la expresión de Vallenilla Lanz, que ejerce el poder y logra imponer el orden en el marco del conjunto social. A partir de este mismo marco crea las condiciones para el progreso material y moral del pueblo venezolano. Entonces, puede hablarse de una indefectible asociación entre el ideal democrático en un sentido positivista y la noción de eficiencia y progreso material del Estado.

Es por esto que la visión de la democracia en el pensamiento político de  Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortul, se presenta tan compleja y asociada a diversos elementos vinculados entre sí; ello hace que el análisis que pretenda abarcarla en su complejidad debe ser detallado y minucioso, pero también, enmarcado desde la comprensión de una concepción de la política y de lo político, vista a partir de la estructura de pensamiento positivista que, vale decir, ha desarrollado un método igualmente propio y original (derivado de la sociología europea) que permite dar cuenta de los elementos sociales y políticos y especialmente de su polémica concepción del modelo democrático.

Se deduce de lo anterior que en el pensamiento político de Vallenilla Lanz, Gil Fortul y Arcaya, el modelo de democracia, y más aún, la visión del pensamiento político democrático, siendo tan complejo, se presenta susceptible de abarcar desde dos planos teóricos y de análisis fundamentales y  confundidos entre sí.

Un primer plano lo constituye la visión interpretativa entendida en un sentido liberal propio del pensamiento político europeo y de gran parte del pensamiento político latinoamericano. Esta visión liberal de la democracia es vista por estos autores con un sentido sumamente crítico, sobre todo en lo que se refiere a la imposibilidad de su aplicación no sólo en Hispanoamérica, sino también en Europa, continente que vio nacer estos ideales y que aún no ha visto culminada su realización.

Desde la perspectiva de Nikita Harwich Vallenilla[81], en el caso venezolano se trataba de superar la evidente contradicción entre el institucionalismo propuesto por el pensamiento liberal y la anarquía reinante en el territorio nacional. Se intentaba reducir los términos de dicha contradicción[82].

Otro plano teórico de análisis lo constituye el sentido propio y original que la democracia ha adquirido en Latinoamérica. Este es el que puede ser encontrado en el pensamiento político de la trilogía representada por Vallenilla Lanz, Arcaya y Gil Fortul y se trata de una concepción de la democracia asociada a los elementos que han sido mencionados anteriormente. Se trata de una visión asociada a la idea de un Hombre Fuerte de la política o Caudillo, a una idea igualitaria de la sociedad venezolana y además, vinculada con la noción de la eficiencia del Estado venezolano en el sentido de la creación de óptimas condiciones materiales de vida de la población y limpieza moral del pueblo venezolano.

El pensamiento político positivista venezolano, desde la visión de Harwich Vallenilla[83], fue la expresión de la modernidad venezolana, la cual, en el sentido de Mariano Picón Salas, comienza con la emancipación, pero se hace efectiva a partir de 1935, coincidiendo con la muerte de Juan Vicente Gómez y más adelante, con el advenimiento de la democracia puntofijista. La modernidad, en su sentido general, y atendiendo a las características europeas, correspondió a la ubicación del individuo como centro del organismo social, del cuerpo social. Se impone una visión individualista del hombre y una visión contractual de la sociedad, además de un predominio de la razón individual. También, una serie de categorías y fenómenos se hacen presentes y encuentran sentido en su relación con el Estado Moderno y su racional conformación:

La modernidad conforma una serie de aspiraciones que se imponen, gradualmente, como principios: democracia, libertad y pluralidad de pensamiento, derechos cívicos, mecanismos de representatividad expresados a través del sufragio universal que consagra la soberanía efectiva del pueblo sobre su destino. (Harwich; Pág. 1)[84].

Se refleja, entonces, que la problemática y la reflexión sobre el fenómeno democrático corresponde a la modernidad, y a pesar de que esta problemática se ha hecho frecuente en el pensamiento político posterior a la emancipación, son los teóricos positivistas, y en especial la trilogía positivista, los que más han disertado sobre la misma y los que constituyeron no sólo un reflejo del comienzo de la era moderna venezolana, sino también, la transición a la consolidación del moderno período democrático nacional.

Consideraciones Finales y Conclusiones

A raíz de las consideraciones anteriores, la democracia en un sentido positivista puede concebirse como una construcción teórica propia y original de América Latina por parte de la denominada Trilogía Positivista, compuesta ésta por Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul, además de otros autores que por su menor importancia en el ámbito de las letras políticas no fueron considerados en el presente estudio.

Es compleja la comprensión de la democracia en un sentido positivista, sobre todo si se toma en cuenta que en este estudio se ha tratado desde el principio considerar las diferencias que ésta guarda con la democracia de tipo liberal, es decir, aquella asociada al liberalismo (y sus diversas manifestaciones) y que se constituye en el modelo político imperante en los sistemas políticos occidentales. Se debe entonces proceder a la comparación para poder apreciar no sólo la gran complejidad de la democracia positivista, sino también el esfuerzo teórico de la Trilogía Positivista por comprender y dar a conocerla.

Así, las consideraciones finales que se merece el presente estudio deben enfocarse en asimilar los elementos comunes que caracterizan esta particular visión de la democracia en los autores objeto de investigación. En primer lugar, la democracia es concebida como una categoría política de uso constante en la obra de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil Fortoul.

La misma adquiere una originalidad y un sentido propio que la distinguirá de la democracia que se asocia al liberalismo en el sentido de que esta última nace en Europa y es en gran parte el producto de las circunstancias sociopolíticas del continente europeo, mientras que la democracia positivista trata de derivarse de las propias circunstancias de América Latina; y a pesar de que la formación teórica de estos autores es en su mayoría europea y en su método no son tan originales (derivado de la sociología europea, sobre todo de la propuesta por Comte) el tratamiento de los temas marca la diferencia  en la historia de las ideas políticas modernas.

De allí que estos autores no pretendan en ningún caso trasladar un modelo político pre-elaborado para que se adapte este a las circunstancias sociopolíticas de Venezuela, sino todo lo contrario: son críticos de las implantaciones de modelos políticos de organización de los Estados y las sociedades, tarea de la que se ha encargado la mayoría de los políticos y legisladores nacionales. Estos no han considerado las condiciones en las cuales implantan sus modelos, de allí que el desorden y los trastornos sociales sean elementos constantes en la historia política nacional.

Estos autores proceden a la crítica a la democracia en sentido liberal en razón de que los principios que la sustentan son considerados sumamente abstractos y de imposible aplicación práctica. Estos principios se intentaron poner en práctica en el proceso de Emancipación venezolana, desatando una guerra civil en extremo perjudicial para la salud de la República. La Guerra de Independencia venezolana es muestra del fracaso de los ideales democráticos y liberales. Es el punto donde comienzan a aplicarse constitucional y legalmente los principios de la democracia liberal. Ello sin considerar las divergencias existentes entre la normatividad jurídica y la realidad efectiva.

La democracia positivista, como expresión de la Modernidad Política, se constituyó en elemento fundamental de las políticas de Estado, sobre todo si se considera el período comprendido entre 1908 y 1935, es decir, el que abarca el gobierno del General Juan Vicente Gómez, que a criterio de los autores, es el período en el cual se logra definitivamente la unidad nacional. Ello debido a cuestiones como el orden impuesto por Gómez al erradicar los numerosos caudillos nacionales, la consolidación de la economía petrolera nacional, la creación de las Fuerzas Armadas Nacionales, etc.

Así, la democracia positivista está enmarcada en una peculiar concepción de lo político cruzada no sólo por el organicismo, sino también por el evolucionismo. En esta el ideal de transformación se encuentra presente y radica en un gran sentido en el ideal educativo que el pueblo venezolano pueda tener en un determinado momento. Democracia es transformación desde las bases sociales y sólo un pueblo educado puede movilizarse para llevar a cabo el cumplimiento del magno objetivo de la Libertad en una situación de democracia realmente efectiva.

Desde las instituciones políticas puede también propulsarse la transformación para la democracia. Esto en el sentido de que deben ser creadas las condiciones materiales para el efectivo cumplimiento del ideal democrático. Se parte del principio de que un pueblo inculto, racialmente inferior y además, mal alimentado, es poco dado a la deliberación política abstracta y sin embargo, este mismo pueblo guarda de cierto modo un sentido de la democracia que no puede ser negada si se parte de la noción fundamental de que la democracia se fundamenta en el sentimiento de las mayorías.

Más aún, este sentido de la democracia encuentra su máxima expresión en el Hombre Fuerte o César Democrático, el cual es aclamado por el pueblo, por las mayorías y adquiere un sentido político tal que lo lleva a dirigir los destinos de la nación y a constituirse en el eje del accionar democrático. Este adquirirá un sentido estructural y pasará a constituir elemento constante en el devenir político nacional:
             
                El verdadero carácter de la democracia venezolana ha sido, desde el triunfo de la Independencia, el predominio individual, teniendo su origen y fundamento en la voluntad colectiva, en el fuero de la gran mayoría popular tácita o explícitamente expresada  (…). El César Democrático, como lo observó en Francia un espíritu sagaz, Eduardo Loubalaye, es siempre el representante y el regulador de la soberanía popular: El es la democracia personificada, la nación hecha hombre. En él se sintetizan estos conceptos al parecer antagónicos: democracia y autocracia, es decir, Cesarismo Democrático; la libertad bajo un jefe; el poder individual surgido del pueblo por encima de una gran igualdad colectiva (…)[85].

Ahora bien, ¿Cuál es la situación del pensamiento político venezolano hoy día y más precisamente, de la visión de la democracia contenida en éste? En la actualidad, cuando ya el paradigma positivista ha dejado de ser el dominante en la teoría sociológica y política, no se observa un desplazamiento total y absoluto de dicho paradigma, sino que muchos de sus postulados y problemas fundamentales siguen aún vigentes, entre los cuales destaca la teoría caudillista y del personalismo político, es decir, la idea de un Gendarme Necesario (Vallenilla Lanz) que imponga el orden y el progreso en una sociedad como la latinoamericana, caracterizada por el desorden y la anarquía. Este constituye uno de los enfoques de estudio actuales de las profesoras María Elena Plaza y Graciela Soriano de García-Pelayo, en donde se afirma que la política venezolana ha estado signada por la presencia de rasgos personalistas y autoritaristas.

Una nueva generación clandestina de estudiantes, a partir de 1931, hace que termine el largo período liberal y positivista que se había instalado en Venezuela como dueño de las ideas imperantes en la gobierno de Gómez:

               En la Venezuela que había crecido en medio del silencio, pero que no había perdido el rumbo venezolano de toda la vida, que es el empeño de conquistar la libertad. La incorregible Venezuela que no amarran ni doman las cárceles, ni los destierros. Al morir el último gran caudillo rural, moría también el siglo XIX. Llegaba el tiempo de la palabra libre[86].

            A partir de 1935 la teoría política venezolana de inspiración positivista fue olvidada (¿o no?)[87], dando paso a las teorías que hablaban sobre principios liberales y democracia representativa-partidista. Pero cabe preguntarse si las obras de estos autores podrían servir como marco de referencia para la comprensión de fenómenos políticos que se suceden en la esfera pública nacional de hoy día.

                La justificación del régimen gomecista hecha por los autores positivistas ha sido objeto de duras críticas, pues manifiesta claramente cómo el positivismo se convirtió en la expresión de un determinado sujeto social (…). Sin embargo, las críticas y rechazo de los positivistas no han significado en Venezuela la desaparición de sus ideas básicas. El régimen de Juan Vicente Gómez se acaba con su muerte en 1935 y con él la preponderancia ideológica directa de los autores positivistas. No se puede, en cambio, decir lo mismo de los procesos sociales y de las ideas que durante ese período se desarrollaron. Las ideas positivistas no son un capítulo cerrado de la historia del país a partir de 1936. En la “cultura sociopolítica” venezolana permanecen, por largo tiempo, elementos sustanciales del paradigma del pensamiento positivista. La doble afirmación de la “civilización” como ideal de vida humana y la “evolución” del proceso histórico nacional hacia ella, sigue siendo el fondo, explícito o no, de concepciones sociales posteriores al gomecismo y aún extendidas en la sociedad venezolana. Del mismo modo el papel asignado a la educación en la incorporación de la población al desarrollo y la afirmación de la ciencia (¿Positiva?) como ideal del conocimiento humano, guardan una llamativa semejanza con el paradigma positivista[88].


Además de todos los anteriores temas, otra de las cuestiones que frecuentemente se debate entre los círculos académicos  del país y que formó parte de las temáticas tratadas por el pensamiento político positivista venezolano es la de tensión entre disgregación e integración social. Fuerzas centrífugas son constantes en toda América Latina y esta es una de las problemáticas que aún la región debe superar. El positivismo venezolano trató de superar esta situación mediante la propuesta de que un Hombre Fuerte o Caudillo democrático podría doblegar estas fuerzas y crear las condiciones para el logro de formas más evolucionadas de democracia. Esta perspectiva ha adoptado sus diversas modalidades en todo el continente[89].

Otro elemento es la cuestión referente a la democracia real. Los regímenes de facto son frecuentemente justificados como la única forma de organización democrática posible para estos pueblos. Así se han justificado regímenes autocráticos y populistas en esta región[90].
Una característica esencial de las sociedades latinoamericanas, es que en estas predomina, en detrimento de un voluntarismo institucionalizador, un voluntarismo personalista[91], el cual se expresa en la medida en que existe un vacío institucional que provoca circunstancias en las cuales las personas realizan acciones que conllevan a la creación de instituciones.

Adicional a ello, otros temas no han dejado de ser considerados, entre estos destacan los referentes a la civilización y su relación con la evolución, la transformación del medio físico para el logro de mejores condiciones materiales, el papel fundamental de la educación en la transformación y más aún, ya en el marco de las ciencias sociales, el tan discutido tema de la objetividad científica.

Esto demuestra como los temas positivistas, especialmente los relacionados con la Democracia, aún no han dejado de ser tratados y continúan con la misma vigencia de siempre. Esperemos que así sea por largo tiempo. Pensar las distintas aristas que envuelve la Democracia en su relación con lo político, es tarea esencial de la Ciencia Política de hoy día. Más aún, el mayor legado que ha dejado a Venezuela el paradigma positivista es el hecho de atreverse a pensar y formular una concepción distinta de la democracia, adaptada ésta a sus propias circunstancias y derivada de un científico y ejemplar esfuerzo por comprender el sentido de la política.


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[1]De allí el interés de los investigadores de desarrollar, analizar y profundizar considerablemente en el pensamiento político positivista de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya y José Gil, Fortoul. Estos autores son clave en la comprensión del acaecer político venezolano de los siglos XIX y XX y su concepción de la democracia posee un sentido propio y original que debe ser considerado por todo aquel que desee comprender la historia de las ideas venezolana. Además, hasta el momento, en las actuales circunstancias académicas por las cuales atraviesa la Ciencia Política venezolana, el estudio de la democracia en el pensamiento político positivista, no ha sido emprendido en su exclusividad. Cabe destacar que el presente artículo es parte de un muy extenso trabajo de investigación titulado del mismo modo, así que este representa sólo varios aspectos del mismo.
[2]VELÁSQUEZ, J. Ramón, (1983). “Venezuela, el Federalismo y la Descentralización”, (Separata), pp. 169. Hace referencia el autor con este texto al régimen de Juan Vicente Gómez, el cual tuvo lugar en Venezuela desde 1908 hasta 1935.
[3]LÓPEZ DE NUÑO, Alicia (1969). “Ideas Sociales del Positivismo en Venezuela”. Ediciones UCV, (Colección Avance, Nº 22), 173 Págs., Caracas.
[4]SEGNINI, Yolanda (1997). “Las Luces del Gomecismo”, Ediciones Alfadil, Caracas. Texto en Línea Disponible en:
http://books.google.com/books?hl=es&lr=&id=IC3Ji75GDqMC&oi=fnd&pg=PA5&dq=yolanda+segnini+las+luces+del+gomecismo&ots=amVhnhj7ex&sig=wpyJhYxeo5lMPw3hZXS6Seab5UU#v=onepage&q&f=false (24/04/11- 10: 00 a.m.). En este trabajo Senini detalla, de una forma minuciosa e históricamente exhaustiva, la vida cultural de la Venezuela durante el período gomecista. La historiadora muestra lo fructífera que fue esta época para todas las artes y la cultura venezolana en general. No puede entonces hablarse, en lo que se refiere al período gomecista, de una época vacía intelectualmente y obscura en materia de producción de conocimientos.
[5]Sobre la influencia de la sociología europea en el desarrollo del pensamiento político positivista venezolano y la teoría de la democracia, también se hace necesario proceder a su respectiva indagación. Ello es un elemento que estará presente frecuentemente en el desarrollo teórico y conceptual de la problemática que se está considerando.
[6]Entre ellas destacan los trabajos intelectuales de Francisco García Calderón y Simón Bolívar.
[7]HARWICH VALLENILLA, Nikita, (1985). “Positivismo Venezolano y Modernidad”. Texto en Línea Disponible en:
http://dspace.uah.es/jspui/bitstream/10017/5769/1/El%20Positivismo%20Venezolano%20y%20la%20Modernidad.pdf (23/04/11- 10: 27 a.m.), pp.5.
[8] KOLAKOWSKI, Leszek, (1968). “The Alienation of Reason. A History of Positivist Thought”, (Traslate by Norbert Guterman), Doubleday and Company, Inc, New York, USA.
[9] Ibídem., p. 4.
[10] Ibídem., p. 5.
[11] Ibídem. p. 7.
[12]KOHN DE BEKER, Marisa (1970). “Tendencias Positivistas en Venezuela”, Ediciones de la Biblioteca, Col. Avance, N° 25, Universidad Central de Venezuela, Caracas.
[13] Ibid.
[14] KOLAKOWSKI, op. Cit., p. 11.
[15] HARWICH VALLENILLA, op. Cit., p. 5. Se trataba de una sociología con enorme sentido histórico.
[16]GARCÍA CALDERÓN, Francisco, (1987). “Las Democracias Latinas de América. La creación de un Continente”, Biblioteca Ayacucho, Caracas.
[17]IRAZABAL, Carlos, (1979). “Hacia la Democracia. Contribución al Estudio de la Historia Económico-Político-Social de Venezuela”, Cuarta Edición, Editorial Ateneo de Caracas.
[18]CARRERA DAMAS, Germán, (2007). ''República Liberal Democrática vs República Liberal Autocrática''. Texto en Línea Disponible en:
http://www.ildis.org.ve/website/administrador/uploads/RepublicaLiberalDemocraticaCarreraDamaspdf.pdf (Consultado el 24/ 02/11-  08:18 p.m.).
[19]SORIANO de García-Pelayo, Graciela, (1987). “Historia, Desarrollo Discrónico e Historia Política.  Esquema de interpretación Para la Historia Política de Hispanoamérica”, Caracas.
[20] PLAZA, Elena. (1996). “La Tragedia de una Amarga Convicción: Historia y Política en el Pensamiento de Laureano Vallenilla Lanz” (1870-1936). FCJP, Caracas, p.3.
[21]Los legisladores y mandatarios deben legislar de acuerdo a las circunstancias y condiciones sociopolíticas y no en razón de teorías exóticas de origen extranjero y de imposible aplicación práctica.
[22]SKINNER, Quentin, (1993). “Los Fundamentos del Pensamiento Político Moderno. Tomo I, El Renacimiento”, 344 Págs.  Fondo de Cultura Económica, México.
[23] Ibídem., p. 9.
[24]Porque es bien sabido que estos escritores ocuparon cargos sumamente importantes durante la administración de Gómez.
[25] HARWICH VALLENILLA, op. Cit., p. 3.
[26] ROIZ, op. Cit.
[27] Cuestión que los autores del presente estudio consideramos que afecta a la Ciencia Política venezolana de hoy día, inspirada en la ciencia política europea y por lo tanto, heredera de las dificultades metodológicas y teóricas de ésta última.
[28]SARTORI, Giovani, “¿Hacia Dónde va la Ciencia Política?”. Traducción del Inglés por Susana Moreno Parada. En Política y Gobierno. (Separata).
[29] Ibídem., pp. 352-353.
[30] Ibídem., p. 53. La Ciencia Política venezolana adolece de éstas dificultades que aquejan a la Ciencia Política mundial; parece, haciendo algunas excepciones, que se mantiene estancada y se presenta tantas veces incapaz de abordar y analizar los fenómenos políticos y sus distintas manifestaciones y repercusiones; más aún, incapaz de abordar lo político en sí mismo, de forma que no puede cumplir con el objetivo primario del politólogo: pensar lo político.
[31]Se ha tomado la expresión de: SOSA, Arturo, (1985). “El Pensamiento Político Venezolano”. Ediciones Centauro, Caracas.
[32] HARWICH VALLENILLA, op. Cit.
[33] Ibídem.
[34] Ibídem., p. 5.
[35]Uno de los elementos donde más se evidencia ello es en el estudio de la historia, la cual se concebirá como una totalidad, más que como un relato cronológico.
[36]SOSA, Arturo, op. Cit. Esta terminología en particular es utilizada frecuentemente por este autor y además, acuñada originalmente, en Venezuela, por éste.
[37] VELÁSQUEZ, J. Ramón, (1983). “Venezuela, el Federalismo y la Descentralización” (Separata), p. 170. El positivismo giró en torno a dos ideales centrales, el orden y el progreso, pero su asociación a los regímenes de Antonio Guzmán Blanco y Juan Vicente Gómez conlleva a que se rechace su planteamiento ideológico y su reflexión sobre la modernidad. De forma que se le critica y hasta se le mira como reflejo pesimista de la antimodernidad.
[38]La noción de la neutralidad axiológica, como cuestión metodológica en cuanto tal, será considerada en su detalle con la finalidad de comprender el sentido de la democracia a partir del pensamiento político positivista.
[39] Sus primeras expresiones teórico-políticas podrían ubicarse en el liberalismo posterior a la segunda mitad del siglo XIX en Venezuela.
[40] CARRERA DAMAS, op. Cit. Se observa de este modo la visión de continuidad y ruptura en el devenir histórico nacional (República Liberal Democrática contra la República Liberal Autocrática) expuesta por Germán Carrera Damas y en el seno de la cual el pensamiento positivista venezolano se presenta como expresión del liberalismo militarista-autocrático.
[41]En el sentir de Vallenilla Lanz, la democracia como modelo o forma de organización política no ha fracasado. Las democracias latinas sí. Estas se basan en supuestos de imposible aplicación universal y en ideas erróneas sobre el parlamentarismo y la alternabilidad política. PLAZA, op. Cit.
[42] Este sentido original de la democracia también radica en el ideal igualitario que en Latinoamérica ha adquirido y en diversas ocasiones se le ha asociado a la noción de eficiencia y como la consecuencia indefectible del progreso que es producto de la efectiva imposición del orden (democracia asociada a la noción de eficiencia y desarrollo material de los pueblos).
[43] Algunas categorías ya fueron anteriormente mencionadas.
[44] Desetnetización es una expresión utilizada por Rodríguez (2007) para denotar que el pueblo venezolano pasa desde el estadio de etnia primitiva a uno más moderno y racional.
[45]RODRÍGUEZ, Adolfo. (2007). “Los Llanos: Enigma y Explicación de Venezuela”. Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas.
[46]ROIZ, Javier, (1980). ''Introducción a la Ciencia Política. Análisis Crítico de la Teoría Empírica Contemporánea''. Editorial Vicens-Vives, España.
[47]Se puede disertar e ir más allá de lo planteado por la misma investigación y considerar que si el positivismo intentó explicar una realidad sociopolítica determinada ¿Cuál es la influencia que ejercen las idea políticas positivistas hoy día? ¿Está aún presente la idea del orden y el progreso, la idea de que la historia de Venezuela se divide por etapas hasta llegar a estadios de civilización superiores? ¿Continúan usándose hoy en día premisas y respuestas positivistas en la resolución de algunos problemas fundamentales de Estado? Ello constituiría materia para una posterior investigación. Sin embargo, podemos mencionar a Arturo Sosa (1983) en “El Pensamiento Político Positivista y el Gomecismo”, en el Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, como un autor que trabajó estas cuestiones.
[48]AZPARREN GIMENEZ, Leonardo, (2008). “La Paradoja del Progreso en el Primer Discurso Teatral Moderno Venezolano; Discurso de Incorporación Como Individuo de Número”. Contestación del Académico Don Alexis Márquez Rodríguez. Acto Celebrado el día 27 de Octubre de 2008 en el Paraninfo del Palacio de las Academias. Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española”. Caracas.
[49]CARRERA DAMAS, op. Cit., p. 5.
[50] CABALLERO, Manuel,  (1995). “Gómez, el Tirano Liberal”, Monte Ávila Editores, Cuarta Edición, 383 Págs., Caracas, p. 338.
[51] PLAZA, op. Cit., p. 15.
[52] SOSA, op. Cit.
[53] PLAZA, op. Cit., p. 3.
[54] SOSA, op. Cit., p. 3.
[55]El gobierno del General Gómez se caracterizó, sobre todo en sus primeros años, por el caos económico. Luego la confianza y la estabilidad tanto política como económica se impusieron hasta el final del mismo. Este contó con la colaboración de una generación de jóvenes intelectuales que más tarde ocuparían cargos importantes en la administración pública. En: SULLIVAN, William M. (1992). “Política y Economía en Venezuela”, En Fundación John Boulton, Segunda Edición, Fundación John Boulton, Págs. 247-271, Caracas.
[56]VELÁSQUEZ, Ramón. J. (2003). “Antonio Guzmán Blanco y los Escritores. Conflicto entre las letras y el Poder en el Siglo XIX. Discurso de Incorporación como Individuo de Número en la Academia Venezolana de la Lengua”. Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española, Ediciones Anauco, Caracas.
[57]KUHN, Thomas, (2000). “La Estructura de las Revoluciones Científicas”. Fondo de Cultura Económica, México.
[58]SOSA, Arturo, (1983). “El Pensamiento Político Positivista y el Gomecismo”, En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas.
[59] Porque cabe destacar que para la época e inclusive algún tiempo después de la muerte de Juan Vicente Gómez, en 1935, la Ciencia Política estaba ligada en régimen académico a los estudios de derecho impartidos por la Universidad Central de Venezuela. Se estudiaba Ciencias Políticas en la Facultad de Derecho, pero de igual forma se pensaba lo político y en la teoría positivista ya se encuentra una idea de la política y una idea de la democracia enfocada al ámbito venezolano.
[60]VALLENILLA LANZ, Laureano, (1983). “Discurso Inaugural de las Sesiones Ordinarias de la Cámara del Senado”, (Págs. 355-359), Caracas 19 de Abril de 1916. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 359.
[61] VALLENILLA LANZ, Laureano, (1983). “Nuestro Progreso Político”, (Págs. 497-500), Artículo Publicado en Caracas en Mayo de 1916. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 377.
[62]VALLENILLA LANZ, Laureano, (1983). “Cesarismo Democrático y Cesarismo Teocrático”, (Págs. 119- 129), Caracas, 4 de Noviembre de 1920. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. II Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 120.
[63]ARCAYA, Pedro Manuel (1983). “Discurso Inaugural de las Sesiones Ordinarias de la Cámara del Senado”, (Págs. 137-142). Caracas, Agosto de 1934. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. II Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 137.
[64]GIL FORTOUL, José, (1983). “Discurso Inaugural de las Sesiones Ordinarias de la Cámara del Senado”, (Págs. 273-275), Caracas, 19 de Abril de 1911. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 274.
[65]GIL FORTOUL, José, (1983). “Confianza y Crédito”, (Págs. 71-73), Caracas 8 de Diciembre de 1926. En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. III Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 71.
[66] PLAZA, op. cit. p. 366.
[67]MOUFFE, Chantal, (1999). “El Retorno de lo Político, Comunidad, Ciudadanía, Pluralismo, Democracia Radical”. Paidós, Barcelona, España.
[68] MOUFFE, op. cit., p.14.
[69]PLAZA, op. cit., p. 286.
[70]SORIANO de García-Pelayo, Graciela, (1987). “Historia, Desarrollo Discrónico e Historia Política.  Esquema de interpretación Para la Historia Política de Hispanoamérica”, Caracas.
[71] Ídem.
[72]Las instituciones, en el sentido de Soriano (1987), son creaciones humanas despersonalizadas o impersonales que se destinan a cumplir la función de mantenimiento y sostenimiento del orden social. Las instituciones políticas expresan la manera en la cual se ha organizado el poder y la convivencia política pacífica. Así, en su proceso de creación o cambio, adaptación y sustitución, suelen tener lugar procesos racionales y voluntaristas.
[73]SOSA, Arturo (FUNDACIÓN POLAR), (1997). “Diccionario de Historia de Venezuela”, Segunda Edición, 722-725, Fundación Polar, Caracas, p. 724.
[74] Para Montesquieu, las condiciones geográficas determinan las formas políticas. En el caso venezolano, estas condiciones fueron determinantes en la aparición de gobiernos altamente personalistas.
[75]SOSA, Arturo, (1983). “El Pensamiento Político Positivista y el Gomecismo”, En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas.
[76]El pueblo venezolano debía mezclarse con sangre europea para poder desarrollar habilidades y conocimientos en la construcción de la nación y más aún, para generar el progreso. Así mejorarían las condiciones materiales de Venezuela y se generaría con ello una limpieza moral.
[77]SOSA, Arturo, (1985). “El Pensamiento Político Venezolano”. Ediciones Centauro, Caracas, p. 19.
[78]Sobre la teoría del Estado Moderno, puede decirse, con Sombart, que “El Estado Moderno es la vez empresa de guerra y de paz. No todo Estado, pero sí el que empieza a surgir a fines de la Edad Media. Fácilmente podemos reconocer su carácter empresarial si nos familiarizamos con el espíritu del que ha nacido: comprobaremos entonces lo siguiente: La característica externa de este Estado, es decir, el Estado gobernado por un príncipe o del Estado absoluto, reside en el hecho de que un gran número de personas – en otras palabras, más de las que pueblen un municipio o incluso un  “distrito rural” – están sometidas por la voluntad de un hombre (el príncipe o su representante) a los intereses de los que ostentan el poder”. En: SOMBART, Werner, (1972). “El Burgués: Contribución a la Historia Espiritual del Hombre Económico Moderno”, Alianza Editorial, Madrid, p. 73.
[79]MASCAREÑO, Carlos, (1998). “Descentralización, Gobierno y Democracia”. CENDES, 308 Págs., Caracas.
[80]En este sentido, si se observa la historia venezolana un siglo atrás, antes de 1910, el federalismo, en la realidad venezolana, nunca había logrado imponerse efectivamente (contrariamente a lo que ocurría en el plano jurídico) y el presidente Gómez vendría a afianzar esta realidad con un centralismo impuesto, y con la unidad nacional definitivamente lograda, parecía (y esta es una arriesgada afirmación de los investigadores) que Venezuela se encaminaba finalmente al modelo federal y democrático efectivo toda vez que una de las razones del fracaso del federalismo anteriormente había sido la ausencia de dicha unidad, más aún, a la inexistencia de un acuerdo o pacto nacional efectivo, una real división de poderes y un sistema democrático estable.
[81]HARWICH VALLENILLA, Nikita, (1985). “Positivismo Venezolano y Modernidad”. Texto en Línea Disponible en:
http://dspace.uah.es/jspui/bitstream/10017/5769/1/El%20Positivismo%20Venezolano%20y%20la%20Modernidad.pdf (23/04/11- 10: 27 a.m.).
[82]Estas pautas son las que Sosa ha llamado paradigma positivista venezolano, una escuela que propuso un modelo de análisis y de acción política que partió de la premisa fundamental del orden para poder alcanzar el progreso.
[83] HARWICH VALENILLA., op. Cit.
[84] Ibídem., p. 1.
[85]VALLENILLA LANZ, citado por SOSA, Arturo, (1983). “El Pensamiento Político Positivista y el Gomecismo”, En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas, p. 79.
[86] VELÁSQUEZ, Ramón. J. (2003). “Antonio Guzmán Blanco y los Escritores. Conflicto entre las Letras y el Poder en el Siglo XIX. Discurso de Incorporación como Individuo de Número en la Academia Venezolana de la Lengua”. Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española, Ediciones Anauco, Caracas, p. 121.
[87] “Fue Mariano Picón Salas, quien en 1936 señaló razones históricas y sociológicas según las cuales, la muerte del General Juan Vicente Gómez, ocurrida en diciembre de 1935 significaba para la venezolanidad el verdadero comienzo del siglo XX”. VELÁSQUEZ., p. 217.
[88]SOSA, Arturo (FUNDACIÓN POLAR), (1997). “Diccionario de Historia de Venezuela”, Segunda Edición, 722-725, Fundación Polar, Caracas, p. 724.
[89]SOSA, Arturo, (1983). “El Pensamiento Político Positivista y el Gomecismo”, En El Pensamiento Político Venezolano del Siglo XX, Documento para su Estudio, Tomo III, Vol. I Congreso de la República, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, Caracas.
[90]Frente a esta situación, puede considerarse el llamado y la disposición de Manuel Díaz Sánchez, cuando expresa su manera de concebir la política idealmente: “Yo me refiero a la política venezolana que hasta hoy ha sido precisamente cosa de capricho y enfurruñamiento, juglaría fantástica; es decir, la antípoda de esa política que pide nuestro destino y que se funda en lo racional y en lo técnico. Así, si se prefiere diré, para mejor entendimiento del lector poco habituado a la frecuentación de la semántica, que mi postulación alude a esta política venezolana hecha de gestos y de palabras, por oposición a una política técnica que contemple lo que hay que hacer y no lo que hay que decir. Porque lo que nos ha frustrado hasta hoy el destino político no es el hecho, siempre regido por la realidad, sino la palabra, siempre fuera de ella”. DÍAZ SÁNCHEZ, Ramón, (1973). “Transición (Política y Realidad en Venezuela)”,  Monte Ávila Editores, Caracas.
[91]SORIANO de García-Pelayo, Graciela, (1996). “El Personalismo Político Hispanoamericano del Siglo XX. Criterios y Proposiciones Metodológicas para su Estudio”. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas.

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